Este pretende ser el manifiesto de un loco desencantado.
He... perdido. Sí, he sido derrotado.
La cruda realidad ha podido conmigo. Mantuve una guerra con ella durante este año que muere, y ahora ha sabido encontrar mi punto débil.
No temo, sino, a la exposición. Me horrorizo de la vista que tendré y no he tenido en mucho tiempo. Todos estos años he vivido ajeno a ello.
Esta vez, al levantarme, las cosas no son negras o grises o blancas; bellos colores, grandes contrastes, locura de amarillos, cianes, magentas extasian mis pupilas como nunca antes ha logrado ser humano.
No se puede evitar la expresión de incredulidad. ¿Esto me he perdido durante toda mi vida? ¿Vale la pena ser pesimista?
La vida es sufrimiento. Una frase, un dogma, un mandamiento. Delante de mí, siempre, una y otra vez rondándome la mente. ¿Cómo es posible? Es decir, sí: es sufrimiento. Pero eso es mirar el vaso medio vacío. Démosle otra vuelta de tuerca, y miremos hacia el futuro. Levantarse es... precioso. Pasas del negro más macabro a un arcoiris de sentimientos, desde furia, tristeza y desencanto... a alegría, esperanza y descaro.
Y todo bajo una única tutela: la tuya. Eres dueño y señor de tus acciones, de tus decisiones y de tus pasos. Nada ni nadie caminará por ti, ni te señalarán cuál es el camino correcto.
Porque es más fácil descartar puertas a base de darse de narices con el muro que esconden detrás... a intentar abrir la buena a la primera, y llevarte pensando años y años...
Vamos hombre, que el humo del tren no intoxica tus pulmones todos los días. Aprovecha. Juega. Hazte daño. Vuelve a jugar y vuelve a hacerte daño. Ten cicatrices; que tu alma sea un perfecto libro de desgracias curadas.
2011 acaba, y 2012 se asoma tímido por el 31 de diciembre. Se ha hablado mucho de él. Son todo prejuicios. ¿Un mal año? Si te lo crees, terminarás pasándolo mal. ¿Fin del mundo? ¿Desde cuándo ha sido eso malo? Tal y como llevaré mi vida a partir de ahora... El fin del mundo sería el final apoteósico que merece un año perfecto.
Recemos para que sea así.
viernes, 30 de diciembre de 2011
"Apocalypse, please..."
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lunes, 19 de diciembre de 2011
Fénix
Porque enamorarse es fácil, permanecer enamorado un desafío y dejar ir lo más difícil...
... pero seguir adelante es un triunfo
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viernes, 16 de diciembre de 2011
A escalar
Hoy, mientras soñaba, me he visto sumido en un precipicio, el cual no tenía ni fin ni principio.
En ese estado, sin embargo, no me sentí con miedo o incertidumbre. Seguro y decidido, aguanté, paciente, qué era lo que tenía que decirme la tierra.
Vi a un niño, bastante asustado. Me miró, sonrió y el pavor desapareció de su alma. Sin embargo, sentí su autodesconfianza, muy intensa dada su edad. Tampoco vi su decisión ante la vida, ni ese brillo en los ojos que todos tienen al sentirse querido. Ese chaval salió corriendo mientras dejaba de reir.
Luego vi a otro muchacho, más experimentado que el anterior, pero con los mismos síntomas. Sólo había una diferencia en esto: noté que su alma estaba falta de comprensión, de una mano que estrechar y acariciar, con heridas parecidas a las que él, todos los días, malcuraba con altas dosis de tiempo perdido. De repente, la mirada del chico cambió su rumbo y se clavaron en una nueva silueta, que no conseguí determinar, salvo que pertenecía a una mujer. El muchacho la siguió, hasta abandonar mi campo de visión.
Tardé mucho en ver algo después de aquello. Vi al chico de nuevo; esta vez estaba llorando. Le pregunté '¿Qué te pasa?', y él me gritó '¡El pasado me ha abandonado!'. Lloré con él bastante tiempo y, luego, concluí: 'El pasado, pasado es...'. Le estreché la mano y se fue, pensando en lo que le había dicho.
Ese chico sería el que, en un futuro, tendría este sueño. Y, aunque ese chaval sigue lamentándose de lo que pudo ser y no fue, luego tuvo más encuentros con un joven de veinticinco años, un hombre y su media naranja, un dosmileurista, una pequeña niña escondida detrás de su padre...
El pasado es nuestro lastre y nuestra condena. Si no sabemos lidiar con él, el futuro ni se dignará a mirarnos.
En ese estado, sin embargo, no me sentí con miedo o incertidumbre. Seguro y decidido, aguanté, paciente, qué era lo que tenía que decirme la tierra.
Vi a un niño, bastante asustado. Me miró, sonrió y el pavor desapareció de su alma. Sin embargo, sentí su autodesconfianza, muy intensa dada su edad. Tampoco vi su decisión ante la vida, ni ese brillo en los ojos que todos tienen al sentirse querido. Ese chaval salió corriendo mientras dejaba de reir.
Luego vi a otro muchacho, más experimentado que el anterior, pero con los mismos síntomas. Sólo había una diferencia en esto: noté que su alma estaba falta de comprensión, de una mano que estrechar y acariciar, con heridas parecidas a las que él, todos los días, malcuraba con altas dosis de tiempo perdido. De repente, la mirada del chico cambió su rumbo y se clavaron en una nueva silueta, que no conseguí determinar, salvo que pertenecía a una mujer. El muchacho la siguió, hasta abandonar mi campo de visión.
Tardé mucho en ver algo después de aquello. Vi al chico de nuevo; esta vez estaba llorando. Le pregunté '¿Qué te pasa?', y él me gritó '¡El pasado me ha abandonado!'. Lloré con él bastante tiempo y, luego, concluí: 'El pasado, pasado es...'. Le estreché la mano y se fue, pensando en lo que le había dicho.
Ese chico sería el que, en un futuro, tendría este sueño. Y, aunque ese chaval sigue lamentándose de lo que pudo ser y no fue, luego tuvo más encuentros con un joven de veinticinco años, un hombre y su media naranja, un dosmileurista, una pequeña niña escondida detrás de su padre...
El pasado es nuestro lastre y nuestra condena. Si no sabemos lidiar con él, el futuro ni se dignará a mirarnos.
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miércoles, 14 de diciembre de 2011
Luz
Permíteme contarte la mayor historia jamás narrada.
Érase una vez un camino sin forma, un transeunte novato, alma sin mirada. Ojos esperanzados, con un brillo sin igual, guían con sus destellos a la mente privilegiada.
El tacto resucita, el olfato emociona, el oído maravilla y el gusto eterniza. La ilusión moviliza, graciosa, hacia senderos inmortales, musicalidad y voces de gigantes... sabiduría de errantes, caminantes de antes, seguidores de tu arte.
Tierra blanquecina en donde grabas tu huella, nueve milímetros del que eres protagonista, papiro sobre el que escribir tu poema.
Un reino sin rey, sin barrotes ni reglas ni ley. Un héroe llamado fervor, una princesa conocida como felicidad, una espada sagrada de nombre superación, amor como deidad.
No existe moraleja, ni aprendizaje; solo una guía: asentir con firmeza, que volverías a comenzar el viaje, sin variar ni un día.
Érase una vez un camino sin forma, un transeunte novato, alma sin mirada. Ojos esperanzados, con un brillo sin igual, guían con sus destellos a la mente privilegiada.
El tacto resucita, el olfato emociona, el oído maravilla y el gusto eterniza. La ilusión moviliza, graciosa, hacia senderos inmortales, musicalidad y voces de gigantes... sabiduría de errantes, caminantes de antes, seguidores de tu arte.
Tierra blanquecina en donde grabas tu huella, nueve milímetros del que eres protagonista, papiro sobre el que escribir tu poema.
Un reino sin rey, sin barrotes ni reglas ni ley. Un héroe llamado fervor, una princesa conocida como felicidad, una espada sagrada de nombre superación, amor como deidad.
No existe moraleja, ni aprendizaje; solo una guía: asentir con firmeza, que volverías a comenzar el viaje, sin variar ni un día.
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lunes, 12 de diciembre de 2011
La buena visión del mundo
Veamos la vida de otro color, porque no todo es negro o gris.
Normalmente, cuando ando solo por la calle, con una buena música llegando a mis oídos, me detengo a observar a las personas que pasan por mi lado. Van atareados a sus casas, a sus trabajos, a sus gimnasios... Y, si te paras, das media vuelta y los ves marcharse... Te recorre una simple y única idea por la mente: el ser humano es... es... maravilloso. Todo tan mecanizado, tan elegante, tan manejado... Y hace poco estábamos preguntándonos si la Tierra era el centro del universo.
También me pasa cuando salgo al balcón, porque me agobia el aire de mi piso. Observas, miras a la gente pasear, con sus historias individuales, sus problemas individuales, sus paranoias individuales... Y no puedes evitar esbozar una sonrisa.
Tú eres uno más, pero, seguramente, entre los pocos que no han evitado pensar eso.
Normalmente, cuando ando solo por la calle, con una buena música llegando a mis oídos, me detengo a observar a las personas que pasan por mi lado. Van atareados a sus casas, a sus trabajos, a sus gimnasios... Y, si te paras, das media vuelta y los ves marcharse... Te recorre una simple y única idea por la mente: el ser humano es... es... maravilloso. Todo tan mecanizado, tan elegante, tan manejado... Y hace poco estábamos preguntándonos si la Tierra era el centro del universo.
También me pasa cuando salgo al balcón, porque me agobia el aire de mi piso. Observas, miras a la gente pasear, con sus historias individuales, sus problemas individuales, sus paranoias individuales... Y no puedes evitar esbozar una sonrisa.
Tú eres uno más, pero, seguramente, entre los pocos que no han evitado pensar eso.
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jueves, 8 de diciembre de 2011
X Y Z
Al comenzar todo esto, alguien pulsó un botón.
Cuando ese botón se pulsa, nada ni nadie puede detener su efecto. Infalible, nadie puede escapar a él.
O lo aceptas y lo llevas lo mejor que puedes...
O haces como yo, que lo evita y hace caso omiso de ello.
Mi mirada, perdida y sin brillo, se obsesiona.
Mi cuerpo, pesado y autómata, se estanca.
Mi corazón, profanado y derrumbado, se plantea el suicidio.
Mi cara... es el modelo más fiel a la inexpresividad. Las lágrimas le dan un aire lúgubre.
Y mientras, mis brazos protegen todo esto. Evitan el contacto con el exterior, dañino.
Y mientras... todos me ven, me observan. Todos excepto el pasado.
El tiempo pasa. El botón se pulsó. Y no hay nada que me haga volver a caminar sobre los segundos. Nada.
Cuando ese botón se pulsa, nada ni nadie puede detener su efecto. Infalible, nadie puede escapar a él.
O lo aceptas y lo llevas lo mejor que puedes...
O haces como yo, que lo evita y hace caso omiso de ello.
Mi mirada, perdida y sin brillo, se obsesiona.
Mi cuerpo, pesado y autómata, se estanca.
Mi corazón, profanado y derrumbado, se plantea el suicidio.
Mi cara... es el modelo más fiel a la inexpresividad. Las lágrimas le dan un aire lúgubre.
Y mientras, mis brazos protegen todo esto. Evitan el contacto con el exterior, dañino.
Y mientras... todos me ven, me observan. Todos excepto el pasado.
El tiempo pasa. El botón se pulsó. Y no hay nada que me haga volver a caminar sobre los segundos. Nada.
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23:08
Vivo pensando en que cualquier momento puedo dejar este mundo: Chaplin era un genio. Pero uno de los grandes inconvenientes de este punto de vista es que la vida pierde un valor altísimo. No llego a apreciarla como muchos a mi alrededor lo hacen.
Daría mi vida por quien fuese. Toda vida que no sea la mía tiene algo de provecho que salvar.
La mía la tiene, no preocuparos... simplemente no la tengo presente. Pasaré por la faz de la Tierra sin que quede rastro de mi. Sin que pueda haber un sólo resquicio que me pueda definir. Es horrible, ¿sabéis?
Sin embargo, soy partidario de vivir cada día como si fuera el último, aunque ahora por razones varias no lo practique. Actualmente, soy un cuerpo errante que añora el pasado. Supongo que es cuestión de mentalizarse; lo superaré.
Levantarse pensando que el día no te aportará nada es duro. Cuando llegas a un punto concreto, esto termina de importarte. No sólo por agotamiento, sino porque aprendes que nada ni nadie te va a poner nada en bandeja.
Y ahora, mientras escribo estas palabras, estoy en un estado de aturdimiento severo: pienso que la vida es injusta, el pasado lo añoro menos, y no sólo pienso que puedo morir, sino que lo deseo.
Daría mi vida por quien fuese. Toda vida que no sea la mía tiene algo de provecho que salvar.
La mía la tiene, no preocuparos... simplemente no la tengo presente. Pasaré por la faz de la Tierra sin que quede rastro de mi. Sin que pueda haber un sólo resquicio que me pueda definir. Es horrible, ¿sabéis?
Sin embargo, soy partidario de vivir cada día como si fuera el último, aunque ahora por razones varias no lo practique. Actualmente, soy un cuerpo errante que añora el pasado. Supongo que es cuestión de mentalizarse; lo superaré.
Levantarse pensando que el día no te aportará nada es duro. Cuando llegas a un punto concreto, esto termina de importarte. No sólo por agotamiento, sino porque aprendes que nada ni nadie te va a poner nada en bandeja.
Y ahora, mientras escribo estas palabras, estoy en un estado de aturdimiento severo: pienso que la vida es injusta, el pasado lo añoro menos, y no sólo pienso que puedo morir, sino que lo deseo.
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Contracorriente
La última vez que tuve que desplazarme más de un kilómetro a pie escuché a una madre que le hablaba a su hija. No tendría más de seis años. Estaba llorando por haber perdido en una carrera con su hermano, de once años. Su madre le dijo "¿Por qué lloras? ¡Si has ganado!". La muchacha cambió su cara de tristeza por otra más animada. Se fueron, cogidas de la mano, recorriendo la orilla del Guadalquivir.
Qué bonito sería que, en la carrera por la victoria, el objetivo estuviera en la trastienda de lo absurdo: en obtener el último puesto.
El mundo sería otra locura muy distinta.
Qué bonito sería que, en la carrera por la victoria, el objetivo estuviera en la trastienda de lo absurdo: en obtener el último puesto.
El mundo sería otra locura muy distinta.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011
Me siento desgraciado
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La Muerte, Dios y su significado banal para los demás
Es deprimente ver cómo te haces mayor. Pensar que esto algún día se tornará en estática...
... La vida no está hecha para gente como yo. No puedo soportar la idea de que, en algún minuto de mi existencia, me daré cuenta que todo lo que he hecho, hago y haré ha entrado fuera de tiempo, y no me lo han permitido. Por qué... Absurdo sería que me deprimiera por esto, la verdad. Imagínate.
La vida no está hecha para gente como yo. Por eso creo que, si Dios existe, es un pequeño cabrón que tiene entre sus manos unos cuántos Playmobil y está tirándolos contra la pared de su cuarto o comiéndoselos. De lo humano no puede salir nada bueno. Y si Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza... Lógica, es lo único que hay que usar.
La humanidad está perdida, sólo hay que ser un pelín observador. Nadie sabe lo que quiere hacer. Hordas de jóvenes se matan cada día por convención social, hordas de adultos se desesperan por la convención social, son egoistas, hipócritas... y lo trasmiten a la gente. La incultura reina en la faz de la Tierra... y da risa.
Lo dicho... la vida no está hecha para gente como yo.
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¡MI VIDA TIENE VALOR!
No tengo que decirles que las cosas están mal; todos sabemos que las cosas están mal.
El dolar cuesta menos, los bancos están quebrando, los vendedores guardan un arma bajo el mostrador, los delincuentes reinan en las calles; y no hay nadie que sepa qué hacer, no hay fin para esto.
Sabemos que el aire no es apto para respirar y que la comida no es apta para ser comida. Nos sentamos mirando nuestra TV mientras algún locutor local nos dice que hoy han habido 15 homicidios, 63 crímenes violentos, como si esa fuera la forma en que debe ser. ¡Pero nosotros sabemos que está mal, peor que mal, es una locura! Es como si en todos lados, todas las personas estuvieran enloqueciendo.
Así que no salimos más. Nos sentamos en la casa y lentamente el mundo en el que vivimos se vuelve más pequeño, y todo lo que decimos es:
"por favor, al menos dejanos estar tranquilos en nuestra sala de estar, dejenme tener mi tostadora, mi tv, mi teléfono y no dire nada, sólo déjennos tranquilos"...
Bueno, pues yo no quiero que estén tranquilos, ¡quiero hacerlos enojar!
No quiero que protesten, no quiero que escriban a los congresistas porque no sé qué decirles que escriban, tampoco sé que hacer con la inflación, la depresión, los rusos y el crimen en las calles, todo lo que sé es que primero, deben enojarse, tienen que levantarse y decir:
"SOY UN SER HUMANO MALDITA SEA, MI VIDA TIENE VALOR"
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martes, 6 de diciembre de 2011
Estoy solo
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La moneda
Lo cierto es que toda persona tiene un lado secreto. Toda.
Está ahí para decirte que no estudies, está ahí para azuzarte que vayas a donde se escuchan gritos y alaridos, está ahí para convercerte de que mates a una persona...
Aquel alter ego, ese "yo" que queremos enterrar a toda costa y que siempre resurge del lodo para sugerirnos acciones fuera de lo común, lo ético, lo correcto. El rostro de la antítesis a lo que tú eres, o crees ser.
¿Quién dice que esa no sea nuestra verdadera cara? ¿Quién osa exiliar ese comportamiento del día a día? Yo te lo diré, amigo mío: aquellos que no se reprimen. Aquellos que sí la usan diariamente. Son los más rápidos, los malos de la película, los fuertes... los ricos.
Pobre Edward Mordrake... no pudiste escoger: te tocó lidiar con las dos caras del carácter.
Cuando lanzas una moneda al aire, es cara... o es cruz. Si, por caprichos del destino, la moneda cae, en equilibrio, de canto... ¿quién gana? Nadie.
Se suicidó. Tenía 23 años:
http://www.myninjasaga.com/t2756-el-curioso-caso-de-edward-mordrake
Está ahí para decirte que no estudies, está ahí para azuzarte que vayas a donde se escuchan gritos y alaridos, está ahí para convercerte de que mates a una persona...
Aquel alter ego, ese "yo" que queremos enterrar a toda costa y que siempre resurge del lodo para sugerirnos acciones fuera de lo común, lo ético, lo correcto. El rostro de la antítesis a lo que tú eres, o crees ser.
¿Quién dice que esa no sea nuestra verdadera cara? ¿Quién osa exiliar ese comportamiento del día a día? Yo te lo diré, amigo mío: aquellos que no se reprimen. Aquellos que sí la usan diariamente. Son los más rápidos, los malos de la película, los fuertes... los ricos.
Pobre Edward Mordrake... no pudiste escoger: te tocó lidiar con las dos caras del carácter.
Cuando lanzas una moneda al aire, es cara... o es cruz. Si, por caprichos del destino, la moneda cae, en equilibrio, de canto... ¿quién gana? Nadie.
Se suicidó. Tenía 23 años:
http://www.myninjasaga.com/t2756-el-curioso-caso-de-edward-mordrake
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lunes, 5 de diciembre de 2011
Post-cuestión
Saltó tres veces.
Mike no pudo mostrarle a su hijo de diez años cómo lanzar una piedra para que rebote en el agua más de cinco veces siquiera.
- Papá.
- Dime, hijo.
- ¿Somos listos?
El padre se extrañó por la pregunta de su hijo. No sabía cómo enfocar la respuesta, así que improvisó.
- Las personas listas son las que tienen conversaciones cultas.
El chiquillo fijó la mirada en la madera que tenía bajo sus pies unos segundos para luego preguntar:
- ¿Y qué es una conversación culta?
- Aquella de la que se saca algo en claro aún estando los dos conversadores, desde el principio, en desacuerdo. Lo mismo pasa con los relatos que terminan igual que empiezan: los escritores deben ser muy listos para, aún siendo el relato muy complicado, terminar con algo tan claro como su comienzo.
- ¿Y por qué tiene que llegarse a una parte en común?
El padre, intentando sorprender al hijo, comienza a explicar:
- En la vida te darás cuenta que, para progresar, hay que ir en una sola dirección. Es imprescindible la cooperación de las dos partes para evitar estancarse y no avanzar.
El niño, que no acababa de comprender lo que su héroe le decía, tenía una duda que le inquietaba...
- Entonces... ¿por qué en la tele esos señores, que están sentados en una sala muy grande, sólo llegan a gritarse y a decirse cosas feas?
- Pues...
El chaval no dio descanso a su padre:
- ¿Y por qué hay personas que se pegan tiros y mueren en vez de intentar progresar?
El padre... indeciso, sin nada que decir, para no complicar la conversación, no pudo, sino, encogerse de hombros...
- Pues... no lo sé... la verdad: no lo sé.
De este relato se pueden extraer miles de moralejas: que improvisar siempre lleva al fracaso, que no se puede luchar contra la ignorancia de los poderosos, que ninguno tenemos la solución al problema que acecha al mundo, que nunca debes conversar con un muchacho de diez años...
¿Yo? Me quedo con la única válida:
Saltó tres veces.
Mike no pudo mostrarle a su hijo de diez años cómo lanzar una piedra para que rebote en el agua más de cinco veces siquiera.
- Papá.
- Dime, hijo.
- ¿Somos listos?
El padre se extrañó por la pregunta de su hijo. No sabía cómo enfocar la respuesta, así que improvisó.
- Las personas listas son las que tienen conversaciones cultas.
El chiquillo fijó la mirada en la madera que tenía bajo sus pies unos segundos para luego preguntar:
- ¿Y qué es una conversación culta?
- Aquella de la que se saca algo en claro aún estando los dos conversadores, desde el principio, en desacuerdo. Lo mismo pasa con los relatos que terminan igual que empiezan: los escritores deben ser muy listos para, aún siendo el relato muy complicado, terminar con algo tan claro como su comienzo.
- ¿Y por qué tiene que llegarse a una parte en común?
El padre, intentando sorprender al hijo, comienza a explicar:
- En la vida te darás cuenta que, para progresar, hay que ir en una sola dirección. Es imprescindible la cooperación de las dos partes para evitar estancarse y no avanzar.
El niño, que no acababa de comprender lo que su héroe le decía, tenía una duda que le inquietaba...
- Entonces... ¿por qué en la tele esos señores, que están sentados en una sala muy grande, sólo llegan a gritarse y a decirse cosas feas?
- Pues...
El chaval no dio descanso a su padre:
- ¿Y por qué hay personas que se pegan tiros y mueren en vez de intentar progresar?
El padre... indeciso, sin nada que decir, para no complicar la conversación, no pudo, sino, encogerse de hombros...
- Pues... no lo sé... la verdad: no lo sé.
De este relato se pueden extraer miles de moralejas: que improvisar siempre lleva al fracaso, que no se puede luchar contra la ignorancia de los poderosos, que ninguno tenemos la solución al problema que acecha al mundo, que nunca debes conversar con un muchacho de diez años...
¿Yo? Me quedo con la única válida:
Saltó tres veces.
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Vive la resistance
Existe una flaca línea entre lo instransferible de uno mismo, lo personal y los secretos; y el espacio exterior, la noche infestada de carroñeros que subsisten de, aunque sea, ínfimos trozos de la vida oculta de una persona. Cualquiera que se precie es capaz de sobrepasar esa línea. Con un fundamento propio de los más despreciables de la historia, los sedientos se camuflan en la amistad para luego descubrirse y mostrar sus verdaderas intenciones. Otros prefieren la paciencia y el recurrir a semejantes menos estáticos para el beneficio propio. Si abres una ventana, te arriesgas a que entren insectos nauseabundos, que chupan la sangre y huyen o, cual parásito, se alojan en tu dermis obteniendo, el tiempo que le permitan, tus fluídos vitales.
Pero, sobre todo, los más curiosos son aquellos que, no contentos con conocer la oscuridad de las ánimas, intentan escalarlas, destrozarlas y condenarlas al interminable abismo, sin ninguna vacilación. Porque, al parecer, la competitividad está al orden del día. No sé qué es peor: si la ingente cantidad de galgos que siguen la liebre, o la valoración exagerada que se le da a la carne de ese conejo.
¿Actuaciones? ¿Reacciones? ¿Consecuencias?
No perdería mi tiempo en intentar escribir si no fuera porque me preocupan demasiado las consecuencias.
Porque, ¿qué se habría hecho en la antigua Roma, o en la Grecia, si algún espía retorcido (y, pretendo destacar: un espia presta sus servicios a aquel del que recibe algo a cambio) hubiera robado información valiosa de un pueblo amigo y pusiera en peligro el curso normal del imperio?
Ya que los tenemos como modelo en muchos aspectos actuales (sociales, legislativos, de ocio, estructurales...), ¿por qué no en esto otro?
La crudeza que pido no es comparable a la que poseen aquellos que intentan profanar lo propio, no. Mi frialdad es consecuencia de la suya. Y no falseo cuando afirmo que la repercusión supera, y con creces, al origen de la misma. Humano con sed de venganza no es, sino, un arma muy valiosa, fácilmente manipulable siempre y cuando se le dé alcance a su objetivo.
Hablamos de revolución.
Pero, sobre todo, los más curiosos son aquellos que, no contentos con conocer la oscuridad de las ánimas, intentan escalarlas, destrozarlas y condenarlas al interminable abismo, sin ninguna vacilación. Porque, al parecer, la competitividad está al orden del día. No sé qué es peor: si la ingente cantidad de galgos que siguen la liebre, o la valoración exagerada que se le da a la carne de ese conejo.
¿Actuaciones? ¿Reacciones? ¿Consecuencias?
No perdería mi tiempo en intentar escribir si no fuera porque me preocupan demasiado las consecuencias.
Porque, ¿qué se habría hecho en la antigua Roma, o en la Grecia, si algún espía retorcido (y, pretendo destacar: un espia presta sus servicios a aquel del que recibe algo a cambio) hubiera robado información valiosa de un pueblo amigo y pusiera en peligro el curso normal del imperio?
Ya que los tenemos como modelo en muchos aspectos actuales (sociales, legislativos, de ocio, estructurales...), ¿por qué no en esto otro?
La crudeza que pido no es comparable a la que poseen aquellos que intentan profanar lo propio, no. Mi frialdad es consecuencia de la suya. Y no falseo cuando afirmo que la repercusión supera, y con creces, al origen de la misma. Humano con sed de venganza no es, sino, un arma muy valiosa, fácilmente manipulable siempre y cuando se le dé alcance a su objetivo.
Hablamos de revolución.
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Llámemoslo... depresión
El final es difuso.
Mis manos... inmóviles.
Detente, por favor.
Mi corazón... revolucionado.
Oscuridad alrededor mía.
No me atrevo ni a levantarme.
Observo.
Nadie.
Detente, por favor.
Mi cuerpo se incorpora.
Mi cara refleja terror.
Una puerta, una salida.
Terror.
Terror.
Terror.
Algo parecido a una cama.
La abandono.
Ando.
Abro la puerta.
Terror.
Terror.
Detente, por favor.
Cojo la mochila y voy a la universidad.
Mis manos... inmóviles.
Detente, por favor.
Mi corazón... revolucionado.
Oscuridad alrededor mía.
No me atrevo ni a levantarme.
Observo.
Nadie.
Detente, por favor.
Mi cuerpo se incorpora.
Mi cara refleja terror.
Una puerta, una salida.
Terror.
Terror.
Terror.
Algo parecido a una cama.
La abandono.
Ando.
Abro la puerta.
Terror.
Terror.
Detente, por favor.
Cojo la mochila y voy a la universidad.
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