sábado, 28 de abril de 2012

Trunknextroom

Todos nacemos a oscuras, a ciegas, sin nada ni nadie que nos diga qué ha pasado, de dónde hemos venido y en qué clase de broma estamos inmersos. Nos colocan, ahí, desnudos, desmembrados, listos para una autopsia. No sabemos qué hacer... si al menos hubiéramos leído el folleto que ponían en el avión... pero ya nos conocemos: no lo hacemos nunca.. Sólo deseamos llegar y pisar tierra, descubrir nuevo mundo, nuevas experiencias y paisajes.

El tiempo pasa, y nada parece cambiar. Te dicen lo que tienes que hacer, decir, escuchar, ver y degustar. Caminas en la dirección que te marca las flechas pintadas en el suelo, como en un hospital, como si fueras derechito a esa habitación austera donde pasar, tumbado, el resto de los días, pudriéndote, esperando la dulce bendición de la Parca.

Compartes gestos, palabras, imágenes, momentos; con otras personas que quizá tengan respuestas por fin a aquella putada en la que estabas inmerso. Puede que tuvieran algún sedante, algo a lo que recurrir para escapar de todo lo que, para ti, era hasta ahora extraño. Unos dan amor. Otros dan drogas. Otros la compañía, la risa, la confianza, la música, el arte... Y muchos otros, incluso, aportan mal rollo, insultos, desprecio. De todo hay en la viña del Señor, dicen.

Luego.. te empiezas a dar cuenta de que todo lo que ves está bastante bien estructurado. Puede, y sólo puede, que sean imaginaciones tuyas. Percibes cierta jerarquía, con niveles muy distanciados... Te sientes manipulado, estafado, perdedor. Y sí: hay gente que comparte ese sentimiento contigo. Hay personas que quieren hacer de todo este escenario algo macabro.

Sin embargo... llega un día en el que conoces a alguien. No me refiero a tu primer amor, ni siquiera al amor de tu vida. No reseño a ese gran amigo que está a tu lado siempre y que llora contigo cuando te has hecho daño, llama 'puta' a esa furcia que te tiró por el barro, o se ríe de todo aquello que dices para hacerte sentir bien. No no... Hablo de esa persona que llega en el momento adecuado.
No la conoces hasta el minuto oportuno, como si hubiera algún botón que se pulsa en ese instante. Y sí: es esa persona que, por fin, le da algo positivo a todo eso que veías malo, extraño, que no era para ti, una putada, donde eras un gregario, un don nadie.

Esa roca que está en el camino y mueve ríos, que cambian su cauce. Quién sabe: quizá tú signifiques lo mismo para esa persona, o quizá no... Pero lo que sí es cierto, es que a partir de ese segundo el prisma delante de tus ojos cambia y ves la vida de otra manera.

Y eso, definitivamente, es algo digno de agradecer. Gracias.

lunes, 23 de abril de 2012

Doble o nada


Si vas a por ello, puedes equivocarte.
Puede costarte el coche, un par de dientes, tu próximo ascenso.
Puede que haga frío, puede que te hagas daño.
Puede que pierdas la cabeza, las formas, la legalidad.
Puede suponer el ridículo, el desprecio o la soledad.
Pero si vives como tú quieres, hasta las últimas consecuencias, quizá y sólo quizá, llegues a ser quien eres.

jueves, 19 de abril de 2012

V


... Futuro incierto, sin duda.

miércoles, 11 de abril de 2012

D.M

...
Quién es capaz de predecir cómo va a acabar tu día una vez lo has empezado.
Es como un desafío. Te levantas pensando multitud de posibilidades. Organizas tu tiempo, haces malabares con tus obligaciones y aficiones. Destrozas intenciones o haces realidad tus temores.
Andas. Un camino largo, intenso, lleno de vitalidad, de sentimiento. Y no haces otra cosa que vivir, dar rienda suelta a tus sentidos, explorar ese magnífico horizonte que ilumina con su esperanzador rayo de luz tu rostro.
Haces, sino, carreras. Juegas con las personas, y ellas juegan contigo. La sabiduría brota de las raíces de los que te rodean, y te sacuden incesantemente, te vapulean sin compasión... y tú te dejas.
Te empapas y te llenas y te hartas y te aceleras, descubriendo sitios nuevos. El tiempo se detiene, sólo para ti, unos segundos, para que sonrías cuanto te plazca.
Prosigues, con paso fuerte, decidido. Suspendes tu curiosidad en algunos momentos, llevas a cabo lo que la vida, lo que la ética, lo que la moral te ruega.
Llegas a tu hogar. Ese espacio que nunca llenas y nunca acabarás de bosar. Te tumbas. Y ya sea leyendo un libro, tocando acordes, escuchando una voz preciosa leer tu relato o... qué sé yo: esperas que el siguiente día sea mejor.

... ¿Cómo vas a pedir algo mejor, si ya disponer de un día más es lo más increíble que te va a pasar en lo que te queda del día presente?

Buenas noches, y hasta mañana.

viernes, 6 de abril de 2012

Media y entera

No puedo dormir. Son las 4 de la madrugada de un jueves, y no tengo ni una pizca de ganas de dormir.
No se por qué, supongo que porque el teatro de la cordura está empezando a quedarse sin espectadores.
Estoy perdiendo los papeles. La vida está empezando a llevarme a mi, y estoy convirtiéndome en mero fan de mi película.
Son las 4 y cinco de la madrugada y tengo hambre. ¿Ansiedad? Puede. No me extrañaría, en absoluto. No suelo encontrar en la comida la solución al gran vacío que siento por dentro... pero por algo se empieza.
Son las 4 y cuarto de la madrugada... y estoy hablando con un perro. Me siento solo. Eso no hay ni que decirlo. Incomprendido, aislado, loco, antisocial, distante, malhumorado, incapaz de de ser extrovertido... Yo me lo he buscado, la verdad...

Aunque... quizás no tenga sueño por la siesta de 5 de la tarde a 9 de la noche de hoy, y puede que el hambre sea porque no he cenado. ¿Lo del perro? Me encantan los animales.

Soy una maldita pelota de ping-pong... estoy en un campo para, un segundo después, estar en el otro... y boto, estrellándome por el camino y haciéndome daño.
... Ping... pong... ping... pong...