¿Vamos?
viernes, 22 de junio de 2012
Jeunes et cons
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jueves, 21 de junio de 2012
Clank, clank...
Me estoy asfixiando, y hace frío, y calor a la vez, y silencio los impulsos de gritar y expulsar los demonios que viven en mi cuerpo, se han acomodado. Si ya lo decían: 'mejor fuera que dentro', pero algo hay por ahí que evita que partan. Y odio pedir ayuda, suplicar y arrodillarme. La última vez que mis rótulas tocaron el suelo fue para morir como un cobarde, y la canina se rió de mi y me dio dos ostias. Nunca lo olvidaré...
Aún así, el cuento ya no me gusta. Tornando a negro no se soluciona nada, aunque se esté más cómodo. Inmediatamente se me vienen a la mente los recuerdos difusos ya del pasado que no cesan de llamar a la puertecita de los cojones, que no sé, ni siquiera, por qué sigue en pie. Debería bloquearla y correr en dirección contraria, como me enseñó el instructor el primer día de clase. Nunca lo olvidaré...
Por supuesto que no me voy a rendir, el sueño sigue ahí, lejos... pero lo veo. Y no encuentro por qué tendría que existir entre los libros un manual para claudicados sinvergüenzas esquizofrénicos. Sólo, si acaso, para evitarlo. Mirarlo de reojo, para tener conocimiento de lo que me aguarda si me da por revolver el pie en la tierra. Jodido, sí, pero sabíamos a lo que veníamos. Jugar con reglas, pocas probabilidades de ganar y sonrisas malvadas a tu alrededor, que te hacen desconfiar, pero ya no sabes si eres tú el paranoico o el mundo que se ha convertido en la mayor gran mentira de la subconsciencia humana. Golpes, y más golpes... Dios, lo que daría porque cesaran, o por tener una motosierra especial o algo así, y cortar manos, a ver si se atrevían a seguir llamando. Qué suerte tienen los asesinos...
Por suerte, el mundo da señales, algunas veces, de ser bueno. El mundo es bueno, cito al dramaturgo del sexo. Fuera suegros, fuera marionetas, adiós putas, yo cojo el petate y le doy un toque al reloj para que comience a echarme arena en la cabeza, que corran esas piedrecitas por las arrugas de mi cara, y caigan al suelo violentamente, cubriéndome y plantándome en lo más oscuro de la mediocridad. No niego que si tuviera un martillo rompería el cristal, pero... no lo tengo. Qué suerte tienen los asesinos...
Pero no nos engañemos... quejarse es gratis. Y somos egoístas y somos excrementos animados comparados con la Naturaleza y somos... ug... me ha dado una arcada...
... Bah... no me hagáis caso... seguramente estas palabras caerán en el olvido, como lo hace absolutamente todo en esta vida... y es horrible, porque estamos pisando hombros de estatuas enormes de hombres grandiosos que, si pudieran zafarse de los gusanos y el barro, correrían a ponerse a salvo. Y no miramos abajo, y no vemos la altura a la que estamos... y un día, cuando menos nos lo esperemos, caeremos sin remedio. Y mientras el aire maneje nuestras mejillas a su antojo y juicio, veremos en qué nos hemos transformado... y lloraremos.
Mierda somos, y en mierda nos convertiremos.
Aún así, el cuento ya no me gusta. Tornando a negro no se soluciona nada, aunque se esté más cómodo. Inmediatamente se me vienen a la mente los recuerdos difusos ya del pasado que no cesan de llamar a la puertecita de los cojones, que no sé, ni siquiera, por qué sigue en pie. Debería bloquearla y correr en dirección contraria, como me enseñó el instructor el primer día de clase. Nunca lo olvidaré...
Por supuesto que no me voy a rendir, el sueño sigue ahí, lejos... pero lo veo. Y no encuentro por qué tendría que existir entre los libros un manual para claudicados sinvergüenzas esquizofrénicos. Sólo, si acaso, para evitarlo. Mirarlo de reojo, para tener conocimiento de lo que me aguarda si me da por revolver el pie en la tierra. Jodido, sí, pero sabíamos a lo que veníamos. Jugar con reglas, pocas probabilidades de ganar y sonrisas malvadas a tu alrededor, que te hacen desconfiar, pero ya no sabes si eres tú el paranoico o el mundo que se ha convertido en la mayor gran mentira de la subconsciencia humana. Golpes, y más golpes... Dios, lo que daría porque cesaran, o por tener una motosierra especial o algo así, y cortar manos, a ver si se atrevían a seguir llamando. Qué suerte tienen los asesinos...
Por suerte, el mundo da señales, algunas veces, de ser bueno. El mundo es bueno, cito al dramaturgo del sexo. Fuera suegros, fuera marionetas, adiós putas, yo cojo el petate y le doy un toque al reloj para que comience a echarme arena en la cabeza, que corran esas piedrecitas por las arrugas de mi cara, y caigan al suelo violentamente, cubriéndome y plantándome en lo más oscuro de la mediocridad. No niego que si tuviera un martillo rompería el cristal, pero... no lo tengo. Qué suerte tienen los asesinos...
Pero no nos engañemos... quejarse es gratis. Y somos egoístas y somos excrementos animados comparados con la Naturaleza y somos... ug... me ha dado una arcada...
... Bah... no me hagáis caso... seguramente estas palabras caerán en el olvido, como lo hace absolutamente todo en esta vida... y es horrible, porque estamos pisando hombros de estatuas enormes de hombres grandiosos que, si pudieran zafarse de los gusanos y el barro, correrían a ponerse a salvo. Y no miramos abajo, y no vemos la altura a la que estamos... y un día, cuando menos nos lo esperemos, caeremos sin remedio. Y mientras el aire maneje nuestras mejillas a su antojo y juicio, veremos en qué nos hemos transformado... y lloraremos.
Mierda somos, y en mierda nos convertiremos.
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reflexiones
miércoles, 20 de junio de 2012
סוף
Empuñamos las armas, acompasamos el paso, perdemos la quietud y sonreímos a la muerte.
¿Quiénes son capaces de reducir a cenizas el espíritu humano? El alma programada para ser libre no sólo quiere volar, sino ir en bandada. Y hay apretones de manos que unen mundos distintos pero, básicamente, iguales y con los mismos objetivos. Las mismas armas, la misma inquietud... Y vuelven a renacer las pinturas en las manos, la razón de por qué existimos, la satisfacción de ver que algo se puede conseguir con esfuerzo. La voluntad del cero es tan importante como la del mil, y si alguna falla, el número no tiene sentido sin los demás. Es una cuenta matemática que necesita de todas las cifras para dar un resultado lógico y veraz que cumpla el axioma más básico: a=a. Todos iguales ante los ojos de Dios, dirían los excépticos.
Vibran las lágrimas a punto de brotar de los ojos de cada uno, sabiendo que quizás no haya vuelta atrás y que señores mayores relatarán aquello como una heroicidad propia de semidioses a mentes curiosas e inocentes en sus regazos. Sobran palabras, pero no se pueden evitar: gritar, cantar, maldecir al destino y reír... reír sin parar como lo hace uno por pura locura. Locos, eso es lo que nos llamarán... Necios, eso es lo que los interesados querrán decir... Valientes, eso es lo que el tiempo nos calificará. Valemos mucho, igual que todos, y eso lo sabemos, y eso lo saben. Luchamos por ello, ellos luchan por parar nuestra lucha.
Y eso, camaradas, es una guerra. Una batalla sin fin, llena de malvados y buenos, vivida por todos y para todos. Tropezamos, sí, pero nos levantamos porque sabemos que si no lo hacemos la Humanidad está perdida. Vacilamos, sí, pero nos encauzamos porque tememos que si no es así, nada será. Y por ello somos tan maravillosamente tozudos, tan increíblemente insistentes, tan sorprendentemente coñazos. Porque el estandarte, en este caso, no es portado por uno solo: millones de dedos lo levantan, millones de ojos lo observan con orgullo, millones de corazones se llenan de alegría al leer las tres palabras bordadas en él. 'Liberté, égalité, fraternité'
Y es esa, queridos hermanos, la razón por la que empuñamos las armas, acompasamos el paso, perdemos la quietud y sonreímos a la muerte.
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domingo, 17 de junio de 2012
Llámalo 'X'
Si me preguntas por un momento de mi vida, no sabría decidirme.
Pero no porque haya muchos entre los que elegir, sino por todo lo contrario: tengo 20 años y sí, he hecho cosas que muchos desearían hacer... pero no son destacables... o, por lo menos, si las pones como el mejor momento de tu vida es para reírse en tu cara.
Pero quiero ir más allá, porque ya sabéis cómo soy... me encanta escudriñar. Creo que no tengo algún momento que elegir por falta de solemnidad. Me explico: un tío como yo desea que todo sea ideal, de una manera que en condiciones normales no se va a dar. Imposible.
Todo debería ser mágico, impredecible, nuevo, interesante... ideal, vuelvo a lo mismo. Que a cada suceso le diga un 'guau...' o un 'no me lo puedo creer...' mientras te ríes tontamente como hacen los locos y los demás se van apartando de ti asustados.
Sin embargo, eso no es así. Todo está visto. Han hecho películas de todo, absolutamente de todo. Nos han desmembrado la vida y sabemos qué nos puede o no nos puede pasar. Es cierto: como la experiencia no hay nada. Pero no es sorpresa, y eso es lo que necesitamos. Está muy bien aprender de tus acciones, tanto buenas como malas, pero... esa incertidumbre de qué pasará ahora... no existe. Nos han jodido la vida.
Por eso, la única solución que veo factible es sorprendernos a nosotros mismos. Es decir: todo está diseccionado, la autopsia está colgada en el tablón de tu mente. ¿Y si cierras los ojos y caminas? ¿Y si, omitiendo los tópicos y las provocativas sugerencias de Hollywood, intentamos hacernos irreconocibles a nosotros mismos? Girar y pisar otras huellas para ti impensables de seguir. Dar un cambio radical en tu vida.
... O, como muchas veces he dicho, hacer de la vida algo sorprendente. Algo solemne, algo ideal... ¿volvemos a lo mismo? Inevitable, sí.
Qué bonito sería vivir en blanco y negro.
Pero no porque haya muchos entre los que elegir, sino por todo lo contrario: tengo 20 años y sí, he hecho cosas que muchos desearían hacer... pero no son destacables... o, por lo menos, si las pones como el mejor momento de tu vida es para reírse en tu cara.
Pero quiero ir más allá, porque ya sabéis cómo soy... me encanta escudriñar. Creo que no tengo algún momento que elegir por falta de solemnidad. Me explico: un tío como yo desea que todo sea ideal, de una manera que en condiciones normales no se va a dar. Imposible.
Todo debería ser mágico, impredecible, nuevo, interesante... ideal, vuelvo a lo mismo. Que a cada suceso le diga un 'guau...' o un 'no me lo puedo creer...' mientras te ríes tontamente como hacen los locos y los demás se van apartando de ti asustados.
Sin embargo, eso no es así. Todo está visto. Han hecho películas de todo, absolutamente de todo. Nos han desmembrado la vida y sabemos qué nos puede o no nos puede pasar. Es cierto: como la experiencia no hay nada. Pero no es sorpresa, y eso es lo que necesitamos. Está muy bien aprender de tus acciones, tanto buenas como malas, pero... esa incertidumbre de qué pasará ahora... no existe. Nos han jodido la vida.
Por eso, la única solución que veo factible es sorprendernos a nosotros mismos. Es decir: todo está diseccionado, la autopsia está colgada en el tablón de tu mente. ¿Y si cierras los ojos y caminas? ¿Y si, omitiendo los tópicos y las provocativas sugerencias de Hollywood, intentamos hacernos irreconocibles a nosotros mismos? Girar y pisar otras huellas para ti impensables de seguir. Dar un cambio radical en tu vida.
... O, como muchas veces he dicho, hacer de la vida algo sorprendente. Algo solemne, algo ideal... ¿volvemos a lo mismo? Inevitable, sí.
Qué bonito sería vivir en blanco y negro.
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reflexiones
jueves, 14 de junio de 2012
B
Daría mi vida por una barba de tres días, una camada de trastos a mi espalda y una instantánea como esta
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sábado, 9 de junio de 2012
Portazo
... No sé cómo sentirme.
¿Alguna vez habéis experimentado el mayor de los derrumbes? Esas veces que, de repente, la vida te da una torta, dolorosa, que te saca de un trance que ni siquiera sabías que existía.
... Yo no.
Y... ¿sabéis por qué? Por que nadie, repito, NADIE sabe lo que es, verdaderamente, el dolor extremo, el mayor de los derrumbes. Nadie.
Nos quejamos... por nada, por nimiedades propias de un chaval de cinco años al que le han quitado su... juguete favorito.
No estamos solos, y aún así nos empeñamos en encerrarnos y tapar la luz del sol, negando que todo esto tenga solución.
¿Sabéis qué? Que os den, a ti, sí, al que está leyendo esto ahora mismo: ¿qué haces aquí, delante de tu ordenador leyendo los pensamientos de un loco sin remedio? ¡Sal ahora mismo y ve a decirle a esa chica o chico que la quieres, a pasar tiempo con tu familia o a hacer ese viaje que has soñado tantas noches!
Por favor, que la vida es sólo una, y no creo que se pueda repetir. Por favor. Vive.
¿Alguna vez habéis experimentado el mayor de los derrumbes? Esas veces que, de repente, la vida te da una torta, dolorosa, que te saca de un trance que ni siquiera sabías que existía.
... Yo no.
Y... ¿sabéis por qué? Por que nadie, repito, NADIE sabe lo que es, verdaderamente, el dolor extremo, el mayor de los derrumbes. Nadie.
Nos quejamos... por nada, por nimiedades propias de un chaval de cinco años al que le han quitado su... juguete favorito.
No estamos solos, y aún así nos empeñamos en encerrarnos y tapar la luz del sol, negando que todo esto tenga solución.
¿Sabéis qué? Que os den, a ti, sí, al que está leyendo esto ahora mismo: ¿qué haces aquí, delante de tu ordenador leyendo los pensamientos de un loco sin remedio? ¡Sal ahora mismo y ve a decirle a esa chica o chico que la quieres, a pasar tiempo con tu familia o a hacer ese viaje que has soñado tantas noches!
Por favor, que la vida es sólo una, y no creo que se pueda repetir. Por favor. Vive.
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