domingo, 28 de octubre de 2012

Mumford & Sons: o cómo ponerte los pelos de punta

Cuando un grupo es bueno, se nota. Se sabe, se puede intuir al escuchar sus canciones. Independientemente de si el género te gusta o no, llega un momento en el que tienes que rendirte a lo obvio. Mumford & Sons es algo así: un grupo que, independientemente de si te gusta o no el folk rock que defienden con su banjo, su guitarra acústica imprescindible, su contrabajo y sus pinceladas de percusión suave; no puedes evitar soltar algún piropo antes de no volver a escucharlos jamás. Es un libro que puede que tenga altibajos a lo largo de sus páginas, pero que siempre tendrá un final feliz. Y es que, por mucho que nos empeñemos, estos chicos ingleses dominan como nadie la coordinación entre instrumentos, dejando a un lado la sobrecarga que usan muchísimos grupos del panorama musical actual para encaminarse hacia el éxito con una música sencilla, directa y melódica a más no poder. Una gran victoria para ese otro tipo de hacer música que no estamos acostumbrados a escuchar fuera del pop rock y, sinceramente, se agradece la valentía que han tenido al apostar por el folk como ingrediente esencial de su popularidad. Ya, en otra ocasión, vimos que no es la única banda que hace alarde de estos elementos. El caso de White Buffalo es más o menos igual pero con el southern rock como estandarte; la premisa es la misma: lo sencillo conmueve si está bien hecho y, en el caso de Mumford & Sons, llega a poner los pelos de punta.

De izquierda a derecha: Winston Marshall, Ted Dwane, Ben Lovett y Marcus Mumford

El comienzo de la carrera de este cuarteto ronda el 2007, cuando aprovecharon el éxito que tuvieron otros artistas que ya estaban usando el folk para llegar al público, como Laura Marling o Noah and the Whale. Lo integran cuatro fenómenos musicales:

- Marcus Mumford, que se encarga de la voz principal y de la guitarra acústica y, en menor medida, de la batería y la mandolina. Antes de crear Mumford & Sons, ya participó con otros grupos, como la propia artista Laura Marling como batería. 
- Ben Lovett se mueve en el terreno de los coros, del teclado, del acordeón y, en menor medida, de la batería.
- Winston Marshall domina el banjo, haciéndolo imprescindible para las composiciones del grupo. Además, se suma a los coros y, algunas veces, podemos verle usar el dobro (también conocido como resonador).
- Ted Dwane se encarga del contrabajo, instrumento que aporta parte de esa esencia única del grupo. Por otro lado, es capaz de tocar la batería y la guitarra, y también aporta su voz para los coros.

Juntos empezaron a toquetear con la popularidad en ese mismo año, haciendo conciertos por distintos locales de Inglaterra, hasta que en 2008 lanzan, con bastante riesgo, su primer EP: 'Lend me your eyes'



¿Qué podemos encontrar en este debut? Tres canciones que incluirán en su primer álbum de estudio, Sigh no more, y una canción inédita llamada Liar, la cual recoge ya un concepto difuso de lo que será Mumford & Sons en adelante.



Podemos ir abriendo boca con este tema y darnos cuenta de la peculiaridad de la voz de Marcus, el cierto protagonismo intencionado que se le da al banjo y a los coros, y la sencillez de la que comencé hablando en la entrada. Es así: Mumford & Sons es esto. La guitarra se recrea en los arpegios y el banjo la potencia en los estribillos y en los medios y últimos compases del tema, como un in crescendo que, en los próximos trabajos, se intensificará, dándole una atmósfera épica al trabajo de la banda. Por supuesto, esos coros tan característicos ayudan a este concepto que quieren conseguir, añadiendo, además, la pandereta y el piano para terminar zanjando con una tranquilidad marcada, de nuevo, por Marcus en solitario.

No será el único EP que pondrán en el mercado ese año. 'Love your ground' reduce su número de temas a dos, siendo uno de ellos incluido en el primer álbum. 



'Hold On To What You Believe' es el tema inédito de los dos.


La batería hace acto de presencia por primera vez, al igual que otros instrumentos como el violín. Por supuesto, todo lo dicho en el anterior EP se aplica a este: Marcus lleva la batuta con su voz y su guitarra acústica, con coros que aportan ese ambiente ya mencionado de épica. Un elemento imprescindible que cubre por completo las composiciones del grupo es la coordinación y lo increíblemente melódico que es todo: no puedes terminar la canción sin evitar tararear algo de ella. Y es que, como ya he mencionado, lo sencillo atrapa de una forma tan voraz que es imposible escapar a él.

Sin embargo, nada comparado con su primer álbum de estudio. Seguirán con esa tónica de actuar en locales y como colaboradores de otros grupos, como la ya artista amiga Laura Marling hasta agosto del 2009, mes en el que Markus Dravs, productor de grupos como Arcade Fire, se interesa por ellos. Con él grabarán Sigh no more, y bajo las discográficas Island Records y Grassnote Records saldrá a la venta el 5 de octubre del mismo año, dos meses después del encuentro con Markus. 


Todo lo dicho hasta ahora se magnifica en este álbum, lleno de composiciones grandiosas como 'Little Lion Man', 'Sigh No More' o 'The cave', entre otras. También encontramos baladas con toques dramáticos como 'White Blank Page' o 'I Gave You All'. La épica es notoria, siendo muy usada la estructura 'comienzo suave, final fuerte'. Es de reseñar el uso del banjo, que gana protagonismo con punteos desbocados y colocados en lugares muy estratégicos para ir atando cabos de la composición misma. Las voces son indudablemente excelentes, con coros que ayudan a la épica y a esa unicidad y perfección melódica que buscan en cada tema. Es increíble, además, los textos que componen para cada pieza del disco, con influencias de Shakespeare, Macbeth, Platón, Homero, etc. Un disco redondo que empezamos a comentar:

1.- 'Sigh No More': Si tuviera que escoger una canción para empezar el álbum, indudablemente sería esta. Comienza con un arpegio muy leve de Marcus, acompañado, posteriormente, por los coros y su propia voz. Claramente, la canción tiene dos partes bien diferenciadas: una en la que nos dejan con la miel en los labios, como queriendo explotar pero sin hacerlo, con esos coros que nos evocan a un momento glorioso y frenético que no acaba de llegar. En ese sentido, nos dejan en stand by, meciendo la imaginación con la guitarra tan suave a cargo de Marcus. Lo cierto es que la primera parte termina con una pausa que da paso a la segunda, que, con la guitarra 'palmuteada' de fondo, nos sigue transmitiendo el sentimiento que conseguía la primera parte. Pronto dejan de 'palmutear' y empieza lo bueno: rompen con todo. Banjo, órgano, bombo... épica. 


2.- 'The Cave': Sin duda, una de las canciones a destacar del disco, siendo casi un himno de Mumford & Sons. Una canción que juega con la estructura suave-fuerte durante toda la canción, como un tira y afloja armónico a más no poder. Esa lucha va decantándose por la fuerza, incluyendo instrumentos de viento como la trompeta y otros como el piano. Los coros, el banjo, el bombo, como siempre, son los que llevan el ritmo básico en estas zonas rompedoras. Incluso podemos ver como las voces, hacia el final, producen eco, ayudando a dar una especie de broche de oro a la canción y a la épica. La melodía se repite durante toda la canción, y aún así, no se hace pesada, debido a ese equilibrio entre lo suave y lo fuerte, entre lo tranquilo y lo desmesurado. Ya digo: estupenda.


3.- 'Winter Winds': Con este tema optimista nos quieren mostrar, de nuevo, una exaltación que, además, es latente en el videoclip. No nos equivocamos al decir que el vídeo reproduce fielmente lo que quieren transmitirnos con este tema. Uso inequívoco de instrumentos de viento, que llegan a ser casi los protagonistas; todos los demás instrumentos siguen su línea particular y frecuente como acompañando los coros y la voz de Marcus, que sobresale sobre las demás con altos rasgados y muy localizados. La percusión, en este caso, es imprescindible al estar casi toda la canción exaltada, dándole esa atmósfera positiva que comentaba. La pandereta, los platillos y el bombo sólo marcan el ritmo, lo suficiente para no romper la solemnidad y conseguir cerrar el tema llenando ese hueco que faltaba.


4.- 'Roll Away Your Stone': Nos movemos ahora a un pseudo-country logrado mayoritariamente por el banjo de Winston, que se marca unos increíbles solos con muchísimo sentimiento detrás. Y es que resulta ser otra de las grandezas de Mumford & Sons: el sentimiento que le ponen a cada letra, cada acorde, cada composición es única y cada tema transmite una emoción propia. El piano aparece, marcando mucho los ritmos, al igual que la percusión en forma de bombo, y platillos más al final. La voz de Marcus se sale, literalmente, de su registro, rasgándola como nunca.


5.- 'White Blank Page': Otro de los grandes temas del disco en el que, tanto la letra como la misma canción, se empapan de amor. Una balada muy acertada, con una guitarra muy característica y un banjo, en este caso, muy tranquilo. Lo mejor de la composición es la sección de cuerda asociada al violín, una idea muy buena que se usa antes de los estribillos, como carta de presentación, y casi hacia el final de la canción, dándole mucha seriedad y, a la vez, dulzura a ese conjunto de sentimientos que intentan transmitirnos. Ese tándem suavidad-fuerza se va repitiendo al igual que veíamos en las anteriores canciones; podemos asegurar sin miedo que va a ser un recurso muy muy usado por el cuarteto. La parte final es muy épica: los coros son impecables y decisivos.


6.- 'I Gave You All': El comienzo es ya un recurso fijado por Marcus, empezando con arpegios y con su voz destrozando la tranquilidad, aún siendo esta muy aterciopelada. Poco tarda el piano y el banjo en hace acto de presencia, pero de una forma muy puntual, para marcar los compases. Luego será el bombo y poco a poco empezamos a animarnos. La canción deja de tener un sentimiento pesimista a uno más cercano a la rabia, incluso. El primer estribillo es el punto de inflexión de este cambio. Pronto todo adoptará una fuerza increíble, muy sentenciosa, y la voz de Marcus muestra esa rabia que decíamos antes. El final es la calma después de la tormenta, como mostrando una cierta resignación.


7.- 'Little Lion Man': Quizá es la canción insignia de este álbum. No lo digo yo: lo dicen los Grammy. Estuvo nominada como Mejor Canción de Rock de ese año. Y no es para menos... En este caso, todos y cada uno de los componentes aportan su gran grano de arena para hacer una canción única. El contrabajo es notable, acompañando a la tan rítmica guitarra de Marcus. El bombo se usa cuando se tiene que usar, cuando la canción coge fuerza. Todos se suman a una sola voz, a una sola corriente, en los estribillos y en los momentos posteriores a estos, donde es el banjo el que marca la diferencia. El piano se limita a marcar los compases la mayor parte del tiempo, sólo variando esta tónica en los momentos fuertes. Ni comentar la gran y pegadiza melodía, que, aunque repetitiva, no se hace pesada. Como siempre, el ritmo se convierte en frenético al final de la canción. El final, a capella entre los cuatro, es el ejemplo claro de la épica que llevamos mencionando tanto hasta el momento.



8.- 'Timshel': Al igual que 'Sigh No More', esta canción se inicia con arpegios y unos coros al unísono de los cuatro componentes. Es más, así se mantiene hasta bien entrada la canción, hasta casi terminarla. Sólo se verá modificada por un banjo que se hace notar muy poco y por esa ya cotidiana fuerza que suelen usar para poner la guinda. Canción corta, propia, diría yo, de los anteriores EP's. Un poco flojo, pero dentro de su estilo.


9.- 'Thistle & Weeds': Una canción extraña y muy grave, con unos acordes no tan intuitivos como los que hemos escuchado hasta ahora. Incluso llega a recordar a una música propia de monasterios por allá perdidos. Un órgano muy sugerente, unas notas muy melancólicos, un piano muy rápido y destartalado que le da muy buen ritmo al tema, allá por la mitad, que es, precisamente, cuando se empieza a animar todo, con Marcus forzando la voz y llevándola a sus límites. Muy sentenciosa en esos momentos, con parones incluidos e inclusión de violines y trompetas que la colocan en un espectro muy propio de Mumford & Sons. Volvemos a lo mismo: el estilo es incombustible e inconfundible.



10.- 'Awake my soul': Un poco más optimista, tanto por el ritmo, las notas y la melodía de la voz, es 'Awake my soul', donde volvemos a ver esa paridad guitarra-contrabajo que queda tan bien con la voz de Marcus. Más adelante, se sumarán los coros, para volver a la épica donde se encuentran a gusto esta panda. No tardaremos en escuchar el piano y lo que parece ser el resonador. Pero... lo mejor de la canción es la recta final. Mítica. No hay otra palabra. Aparece el banjo, el órgano, los coros al unísono... Brillante.


11.- 'Dust Bowl Dance': Quizá es la canción donde más percusión vamos a escuchar. Es un oasis en el disco, ya que esa elegancia que otorga conseguir hacer este tipo de canciones sin percusión fuerte no es latente en este tema. Sin embargo, podemos ver que se desenvuelven muy bien incluso con la batería, símbolo del virtuosismo de cada uno de ellos. Son capaces de sacarnos una sonrisa con o sin ella. La canción, no obstante, empieza muy pesimista, con un piano y Marcus presentando una letra que ayuda a ese sentimiento de tristeza. Un banjo se suma para darle el toque Mumford. El estribillo pisa fuerte, con coros graves. Lo que parece ser una guitarra eléctrica aparece para aumentar la fuerza de la canción, que coincide con Marcus y su voz rasgada. Incluso vemos el uso de la técnica del slide. Todo va aumentando, hasta que explota con el uso de la batería. En ese sentido han sabido aprovechar perfectamente el in crescendo que tanto les define con algún que otro parón en medio. El final es increíble, con un 'desorden ordenado' y una vuelta al principio, cerrando el tema de forma circular y elegante.


12.- 'After The Storm': El nombre de la canción nos presenta perfectamente que estamos ante el final del disco. Y es cierto: deciden calmarse. Terminar haciendo lo que mejor saben: sencillez de valor incalculable. Guitarra, voz casi a capella, un eco que te lleva perfectamente a través de la tranquilidad del tema. Tan tranquila, que abandonan los coros sobrecargados y sólo uno de ellos acompañan a Marcus, mientras un violín termina de cautivarnos. Simplemente mágica. 


Un disco que, como decíamos al principio, independientemente de si te gusta el estilo en el que se desenvuelve, admites que desde la primera canción hasta la última se pone de manifiesto un ejemplo de música bien hecha. Salvo alguna que otra excepción, recibe muy buenas críticas, recibiendo premios como el BRIT Awards al Álbum del Año y entrando fuerte en el Billboard estadounidense, ganando fama y éxito conforme el número de ventas del disco sube. 

Sin embargo, los cuatro ingleses van pensando ya en un nuevo proyecto. Y lo mejor de todo: saben que pueden hacerlo mejor aún. En 2011, durante algunos de sus energéticos conciertos, deciden mostrar una selección cuidada de material nuevo que, retocado lo justo, se incluirá en el segundo álbum de estudio. Canciones como 'Hopeless Wanderer' o 'I Will Wait' (conocida en su fase inicial como 'Nothing Is Written') dejan entrever lo que será ese segundo disco, que aumenta, si es posible, el nivel que tuvo el primero en cuanto a composición, épica y elegancia. Un cóctel que hace de Babel un imprescindible en nuestra colección.


Además de los mencionados anteriormente, Babel tiene temas tan interesantes como 'Below My Feet', 'Babel', 'Broken Crown' o 'Lover Of The Light'. Todos ellos de carácter alegre, demoledor, con la misma épica que nos transmitían los grandes éxitos de Sigh No More pero con un toque que nos hace pensar que este grupo va hacia algo grande. Ha madurado en la forma de componer, de tal manera que las partes están menos diferenciadas, hay más uniformidad. Además, los instrumentos han agarrado calidad por los cuatro costados, al igual que la voz de Marcus:

1.- 'Babel': El disco comienza fuerte, con esta especie de cántico propia de una fiesta rural. Un ambiente callejero que gusta mucho y que, de la mano de la rabiosa voz de Marcus y el banjo de Winston, nos transporta a ese ambiente que intento describir. Hay que escucharla. No faltan los parones tranquilos propios del tira y afloja marca de la casa. Por supuesto, una canción muy melódica, muy intuitiva, muy 'tarareable'. Empezamos bien...


2.- 'Whispers in the dark': Enlazando con el final de la anterior canción, con un suave eco, empieza esta canción que, aunque tranquila por el momento, pronto empezará el bombo y la guitarra abandona el arpegio para dedicarse a los acordes rítmicos y percusionistas en cierto sentido. El banjo, de nuevo, se sale, recalcando que Winston ha decidido ponerse en serio. Aparece el piano de manera notable y la guitarra eléctrica para rellenar esas vísperas de explosión que hay en el tema. Corto, todo hay que decirlo, pero da la talla. Quizá es una de las flojas del disco, pero, como pasaba con 'Timshel', son fieles a su manera de hacer música.


3.- 'I Will Wait': Estamos ante uno de los bombazos del álbum y, sin duda, una de las mejores del grupo. Todos sabemos qué se acerca al empezar a escuchar la canción, con tanta fuerza y ganas que sabemos que la tranquilidad posterior traerá más que eso. Los coros, en su línea, son largos y continuados, en paralelo con la melodía de la voz, muy sencilla y sin complicaciones, usando tonos altos en su mayoría y palabras que se alargan y se difuminan. Por supuesto, el estribillo es muy épico, con ese banjo tan característico y, de nuevo, el cuarteto sacando todo lo que pueden de sus pulmones. El final sigue la línea del estribillo, añadiendo trompetas para convertir el tema en un estallido elegante, sin salirse de sus cánones. Genial.


4.- 'Holland Road': Una estructura similar a canciones anteriores es lo que nos encontramos aquí: una tranquilidad que pronto se rompe para dar paso a voces rasgadas y coros que parecen emborronarse con la atmósfera, una guitarra que se deja llevar por la canción en forma de acordes... Pero aquí dejamos paso a puentes en forma de trompetas y parones con el estribillo de la canción en primera plana. Muy extraño, sí, pero queda bastante bien. Quizá una canción un poco mal colocada, debido a su predecesora en el álbum: pocas canciones pueden hacer sombra a 'I Will Wait'.


5.- 'Ghosts That We Knew': Una canción de esas tranquilas, al estilo 'After the storm', pero se ve potenciada en los últimos compases. Podemos imaginar el sentimiento que quieren transmitir con este tema, debido a su solemnidad y su buen ver. Como nos tienen acostumbrados, a medida que avanza la canción se van añadiendo instrumentos, como el banjo, el piano... y todo cobra un sentido más amplio que el que, inicialmente, significaba la canción. El empeño de Marcus puesto en cantar esta letra es notable, ayudando a imaginar qué quieren decirnos. Sinceramente, es una de las canciones que más me transmiten de Mumford & Sons, no traduciéndose esto en una de las mejores que tienen, ni mucho menos. Ojo a la letra.


6.- 'Lover Of The Light': Otro de los puntos fuertes del disco. Muy en la línea de la anterior en cuanto a lo que podemos sentir escuchándola. Se nota mucha emoción en esta canción por parte de Marcus y de todos los integrantes. Sin embargo, todo lo hacen de forma tranquila y sencilla. No nos sorprende ya que en el último minuto de la canción decidan dejarse llevar y demostrar que sus instrumentos también pueden hablar y transmitir sensaciones más allá de la propia letra incluso. Como anécdota, decir que en esta canción sí se usa la batería, y durante toda ella, de tal manera que, en concierto, Marcus se encarga de ella y no hay guitarra, al contrario que la versión de estudio. Las zonas tranquilas se rompen con el ritmo que marca Marcus en la batería y los demás deciden seguirle. Vuelvo a remarcar esa parte final en la que los cuatro, junto con trompetas, introducen el último estribillo.


7.- 'Lovers' Eyes': Misma estructura: comienzo tranquilo que se convierte en un estallido de instrumentos y coros. Esa suavidad-fuerza a la que nos tienen acostumbrados. Quizá es por eso por lo que, en este caso, no sentimos gran devoción. Es cierto: su estilo es su estilo. No hablo de eso: hablo de la disposición de las canciones. Necesario es distribuir las canciones de tal manera que no nos parezca que estamos escuchando una canción de casi una hora de duración. Hablando de la canción, recuerda un poco a 'Sigh No More' en la estructura, variando, aparte de los elementos básicos, en los coros, que no aparecen hasta bien entrada la canción y en los estribillos. También podemos darnos cuenta del uso del acordeón y, de nuevo, la sección de viento que tan bien les sienta.  


8.- 'Reminder': Si queríamos escuchar a Marcus en solitario con su guitarra, estamos de enhorabuena. En 'Reminder' podemos disfrutar de esto en todo su esplendor, de manera que llega a ser, personalmente, una de las canciones más emotivas de Mumford & Sons. Es corta, sí, pero intensa. 


9.- 'Hopeless Wanderer': Esta es, con diferencia, la mejor canción del álbum y, quizá es añadir muchos gustos personales, de Mumford & Sons. El piano que inicia la canción es perfecto, al igual que la melodía de la voz y ella misma. La letra no tiene desperdicio: muy sentimental y significativa. La guitarra no tarda en incorporarse, al igual que los coros en el puente hacia el estribillo. Pero, al contrario de lo que podríamos pensar, en esta canción la introducción al estribillo es rápida, atropellada, con una guitarra perfectamente marcando el ritmo que vamos a escuchar. Un estribillo mítico, épico, con panderetas, voces por todos lados y con la carga sentimental más importante del tema y la letra. A partir de aquí, todos se suman a la fiesta, con piano, un banjo amplificado... respetando las partes tranquilas de la canción. Un solo de Winston nos deja boquiabiertos antes de los estribillos finales, que cogen fuerza y cambian a unos acordes más optimistas. Perfecta.


10.- 'Broken Crown': Aquí el piano aparece desde casi el principio, y el banjo tampoco tarda en hacer acto de presencia. La canción en sí tiene una intención pesimista, y los acordes no son fáciles de intuir con el arpegio que abre el tema. Aún así, es uno de los mejores del disco. El contrabajo es el último en unirse, remarcando el sonido que crea el teclado y ayudando a esa atmósfera triste que rodea la composición. Toda esa tristeza se convierte en rabia (algo que ya nos suena de 'I Gave You All') conforme se avanza en la escucha, y seguimos escuchando la habitual sección de viento compuesta por trompetas. Un final que vuelve a adoptar esa tranquilidad con la que se empieza. 



11.- 'Below My Feet': El piano y la guitarra como carta de presentación para este tema que cierra los grandes del álbum. La voz de Marcus es grave, sólo abandonándolo para gritar en los siguientes compases de la canción. El estribillo es sencillo al principio con todos juntos cantando y un piano al fondo. Una guitarra eléctrica empieza a aparecer junto con unos ecos muy difusos y el contrabajo. La percusión es la típica: pandereta y bombo. Pero, como siempre, lo mítico y lo épico van cogidos de la mano en las partes finales de la canción. La melodía es perfecta, por eso gusta tanto y, como es habitual en Mumford & Sons, hace que el tema no se haga pesado, sino que te quedas escuchándola hasta que termina y no dices ni pío. Todo muy bien enlazado.



12.- 'Not With Haste': Aquí acaba el disco. Aquí acaba lo que, hasta ahora, tenemos de Mumford & Sons. Y lo hacen de la mejor manera: tocando su música. Su estilo. Su carácter puesto en una canción, con guitarra incombustible, banjo tranquilo, sólo con arpegios ornamentales; un piano marcando los compases... y poco más. Así es, ni hacen alarde de una fuerza desmesurada ni de una tranquilidad estática. Buscan el equilibrio, una vez más, como sólo saben hacerlo ellos. 


Y... ya está. Un disco que, como el anterior, se gana elogios de cantidad de fuentes y consigue ser el álbum número uno en muchos países europeos y en Estados Unidos desde las primeras semanas de vida, siendo lanzado en la veintena de septiembre. Sólo puedo decir que mi impaciencia por escuchar algo nuevo de estos es bastante considerable, y espero que sigan con su estilo, ese folk rock/indie rock que tanto les define y tanto dice de ellos. Su elegancia, su manera de conmovernos y sus ganas en los conciertos les hacen únicos en su especie, y muy difícil de encontrar algo parecido en el panorama musical de hoy. Sólo espero que, como siempre digo, intenten sorprendernos sin salirse de los límites que marcaron su éxito cambiando algún parámetro. Y, por supuesto, espero que el siguiente disco supere, y eso creo que es algo que todo grupo desea, estos dos primerizos.


jueves, 25 de octubre de 2012

Jugar



Alojado en tu cabello, así, sin más, con tintes de oro negro y sensualidad, voy doblándome por los hilos que unen la realidad, haciendo espirales con la esperanza de verte desnuda. Duele más allá de tus ojos, ¿lo sabes?

martes, 23 de octubre de 2012

Corre

Llévame al lugar del tiempo en el que no importa nuestra existencia.



jueves, 18 de octubre de 2012

La máquina del tiempo


'Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar'

miércoles, 17 de octubre de 2012

martes, 16 de octubre de 2012

Recta final


Volvemos a la injuria, a los torpes sucesos maquinados por esa mente perversa, el rugir de las paredes. Regresan, todos juntos, las piedras de aquellos tres días, el papeleo sin acabar, las dudosas hojas de aquel roble plantado en tu corazón. 

Admítelo: te encanta este destino.


domingo, 14 de octubre de 2012

Talla 38


- Sabes quién eres. Muy bien. 
Sabes que yo lo sé, y aún así te empeñas en joder al cosmos. Estupendo.
Incluso lo conoces: te regodeas en tu mierda malsana, mientras la máquina sigue bien engrasada.
Y ríes, como lo hacen los desamparados, los que ya no confían en su sombra.
El brillo en tus ojos ya no denota pasión, sino hastío. 
La paz en tus mejillas indica que las batallas ya terminaron.
Esos muslos locos ya no pueden ni mirarme.
Porque ya no.
No, no, no, no...
Sólo los cuerdos pueden reír, créeme. Los cuerdos y los experimentados.
Y que la inteligencia es sólo una zorra de barrio comparada con los pájaros de la imaginación es obvio.
No tienes salida, hija de puta. No la tienes...
... Tú... deberías lanzarte, de una vez por todas, ¡acabar con este sufrimiento y destrozar cada uno de los treinta y cuatro largos pasajes que me has hecho recorrer hasta el final, sin descanso, sin una mísera gota de agua! ¡Deberías pudrirte en los oscuros confines de la peor de las pesadillas jamás temidas! ¡Morirte como lo hacen los pobres: sola!
Deberías... disculparte... o, por lo menos, mírame a la cara. ¡Mírame a la cara!

*Un silencio se hizo en la habitación 321 del hotel Whitman; la señorita taladraba el suelo con la mirada, mientras que el desalmado jugaba su última carta y retenía al demonio que llevaba dentro*

- ... Mírame...

*La mujer mostró su rostro, donde se proclamó una siniestra sonrisa*

- ¿Quieres matarme?

*Esa palabra impregnó de tragedia el ambiente; la chica sacó de su gabardina un abrecartas y se lo facilitó al hombre, que contemplaba perplejo el torso semidesnudo de la joven*

- Adelante, hazlo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Tren


Ni nuevos planetas.
Ni bares desconocidos ni gaznates al borde de un ataque de celos.
Ni los árboles fugaces que gritan a lo lejos, pidiendo que los ames. No.
El tiempo girará, una y otra vez, hasta marearte y vomitar cada uno de los sucios recuerdos que te definen.

lunes, 1 de octubre de 2012

The 2nd Law: el ego de Matt no se crea ni se destruye...

La segunda ley de la Termodinámica enuncia que la cantidad de entropía en el universo incrementa con el tiempo (he tenido que buscarlo en la Wikipedia, porque la verdad es que he suspendido esa asignatura). ¿Qué nos dice esta afirmación? Seré breve:

Un sistema que pasa de un estado A a otro estado B trabajará en el camino de A a B, cambiando su energía y/o cantidad de materia. En este sentido, podemos afirmar sin miedo que el desorden de la materia siempre va a aumentar en un sistema que cambia de A a B, y el proceso contrario es imposible.

Sería bastante extraño comparar este hecho con la evolución de un grupo de música, pero, igual de extraño, muy acertado: últimamente vemos que cuando un grupo (sistema) pasa de un disco (A) a otro (B) cambia su estilo (entropía) a algo bastante raro, distinto y, por supuesto, irritable para los que siguen, desde sus comienzos, a la banda (aumenta el desorden del sistema, ya sabéis)

¿Por qué sucede esto? En los sistemas, la entropía depende de ciertos parámetros que definen al mismo. La energía interna, el volumen, la composición molar, la temperatura, la presión... son magnitudes que, cuando se pasa del estado A al estado B, cambian su valor para que se cumpla el segundo principio.

¿Qué ha cambiado en Muse? ¿Qué parámetro ha hecho que se haya dado este estado B tan raro como 'The 2nd Law'? Pues, indudablemente, Matt Bellamy. El, y aunque nos pese, alma del grupo y causante de todas esas canciones extrañas, bellas y únicas de Origin of Symmetry, Black Holes and Revelations o Absolution. Entre esos discos, la entropía no cambia de forma brusca o, directamente, no cambia o es nula, hecho que sólo puede pasar en un sistema cerrado. ¿Hay que buscar un sistema cerrado en la evolución de una banda? ¿Es bueno que la entropía cambie?

Dejémonos de comparaciones: ¿un grupo debe cambiar su estilo, a expensas de sus seguidores de siempre, o quedarse estancado y seguir con su manera de hacer música tan característica?
Un servidor piensa que, en este caso, en el equilibrio está la clave. Una evolución sin abandonar tu marca de la casa. Sin embargo, esto no es como la segunda ley de la termodinámica: no se cumple siempre.

Dicho esto, presento The 2nd Law:


Las primeras palabras que se me ocurrieron cuando he escuchado la filtración de The 2nd Law son: estereotipo, pop y ego descontrolado. Es cierto: en los anteriores discos (y no me refiero al soso The Resistance) Matt supo mostrar su enorme ego en forma de canciones, pero en ese caso estas composiciones eran de una calidad soberbia y, lo mejor: únicas. En The 2nd Law no paramos de ver influencias e influencias. Volvemos a lo mismo que comentamos cuando salió el single Madness: esto no es Muse. Ha evolucionado perdiendo su esencia. ¿Cuál era su esencia?: un disco sobrecogedor, desde los pies a la cabeza, de composiciones únicas, extrañas, con guitarras distorsionadas o no, pero siempre en primera línea de batalla; un bajo rompedor y, algunas veces, merecedor él solo de un Grammy; una batería sobresaliente, a cargo de Dominic Howard, que sabía cómo llevarnos al terreno donde juega Bellamy, con su voz imponente.

¿Y ahora qué? Es gracioso, porque cuando escuchamos canciones con guitarra no podemos evitar decir 'esto lo he escuchado yo en algún lugar'. Cuando no escuchamos guitarra... pues ya sabéis qué pasó con Madness. Y cuando no pasa ni una ni otra... pues hay algo que no gusta, ya sea la misma canción de forma global o algo que no cuadra. Hay demasiado desorden. Han intentado tocar todos los palos, intentando dejar satisfechos a cualquier simpatizante de cualquier estilo musical que escuche el disco y se han quedado a leguas de hacerlo bien.

No soy muy crítico, no os equivoquéis. Estoy midiendo con la misma vara que ha usado Matt para concretar la calidad de su grupo y el tamaño de su ego. Es así: si anuncias proyectos enormes con frases como 'Es lo mejor que hemos hecho en nuestra carrera' o con avances confusos y equivocados, en mi opinión, como fue el de 'Unsustainable', creas unas expectativas que, si no las cubres, terminan con volverse en tu contra. No tiene más misterio: han cavado su propia tumba; The 2nd Law no es, ni mucho menos, lo mejor que han creado en su trayectoria musical.

Pero entremos en materia. Si analizamos un poco más a fondo canción a canción veremos que, efectivamente, no podemos estar más en desacuerdo con el trío inglés con eso de que es lo mejor que han hecho hasta ahora.

1.- Supremacy: Imaginaos una peli de James Bond, cuando empieza. ¿Recordáis las chicas desnudas, las pistolas y todas esas cosas? Pues ponedle esta canción de fondo. Perfecta. Como canción de inicio para esas pelis, quiero decir. Es más: no me extrañaría nada que lo hayan hecho con esa intención. Una guitarra bastante decente, eso sí; el bajo en su línea manejado por el incombustible Chris y una batería muy muy pulida, pero la perdición de esta canción es, obviamente, la sección de viento y cuerda que se emplea para darle el toque 007. Tiene todos los elementos para ser una canción de las de antes de Muse, sólo lo fastidia eso: el aire tan descarado a película del espía inglés. Y es preocupante, porque va a ser de lo mejor que vamos a escuchar en el álbum. Lo mejor: el falsete de entrada al estribillo de Matt y el ritmo frenético que deciden llevar casi al final del tema.


2.- Madness: Ya lo dije en su momento en esta otra entrada: segrega pop por todos los poros posibles de la composición. Ni Queen, ni U2 ni George Michael: se queda a las puertas de todo eso para ser una canción perdida en el limbo del disco. De vuelta a lo mismo: esto no es Muse.



3.- Panic Station: Nos encontramos con una canción funkie que mezcla varias cosas que ya he escuchado en otros temas: el comienzo de The Adventures of Raindance Maggie, de Red Hot Chili Peppers; un recurso muy recurrente electrónico de Franz Ferdinand... pero, sobre todo, no puedo evitar acordarme de esta canción:


La canción no es mala, obviamente. Pero es que sigo con lo mismo: no me llena como me llenaba antes alguna de Absolution o Origin of Symmetry. La voz de Matt Bellamy, y eso hay que decirlo, se sale en esta canción: perfecta, mezclando los falsetes y la voz desgarrada (supongo que será un efecto de sonido) poco después tan rápido, siendo casi imposible evitar transportarse a una pista de baile (igual que pasaba con Monarchy of Roses del I'm With You de los Red Hot) La verdad es que han sabido llevar bien el funkie a su terreno. Con esta han sabido conmoverme: me encantan los Red Hot.


4, 5.- Prelude y Survival: Una introducción... no sé cómo definirla: entre mística y romanticona. Muy orquestada, con coros femeninos que, para mi gusto, no terminan de convencer. Sin embargo, la cosa no queda ahí: inmediatamente después viene el tema de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (no sé cuál de las dos partes sale peor parada de esta relación: si el evento internacional o la canción): Survival. 

Tenemos uso de uno de los instrumentos clásicos de la banda: el piano. Pero volvemos a escuchar unos coros que le dan una atmósfera no muy convincente a la composición. Tanto femeninas como masculinas, no sólo aportando una épica un tanto aplastante, sino llegando a la pesadez. Me gusta la épica en las canciones de Muse, pero todo tiene su límite, y Matt colabora empezando con esa voz tan débil y baja. Por lo demás, un guitarreo decente. No hay que olvidar que la pesadez tiene un origen principal claro, y es la misma estructura del tema. Repetitivo, no puedo decir nada más. No se reinventa. Es lineal, y eso es algo a lo que la banda no nos tiene acostumbrados, expertos en llevarnos a donde quieren cuando quieren.

Es lo que tiene que sea un himno de los Juegos Olímpicos...


6.- Follow me: Un comienzo notable, no nos engañemos. A su estilo. Sin embargo, empezamos a escuchar bastante elementos electrónicos que nos hacen desconfiar. Efectivamente, no nos equivocamos. Cuando llega el estribillo nos damos cuenta verdaderamente de hacia dónde mira ahora este grupo. Madre mía, cómo habría quedado esta canción bajo la dirección de una guitarra eléctrica. Es un claro ejemplo de lo que comenté antes del repaso individual a cada canción: intentan pasar por varios estilos, varias formas de abordar un tema... y se quedan ahí. Un tema que se hace corto, inexplicablemente, quizá por la sencilla melodía, muy pegadiza. Un tema que, ya digo, me da especialmente pena: con guitarra eléctrica sería la mejor del álbum, por su melodía, su calidad vocal (ya sabemos cómo es Matt)...


7.- Animals: Un comienzo un tanto extraño, todo hay que decirlo. No, qué digo: una canción muy extraña. Sin embargo... esto SÍ es Muse. Por fin encontramos una canción de estas características: extraña, pero bella. Única. Una letra en la línea de Bellamy. Con una guitarra jugando con nosotros, punteando durante toda la canción. Me recuerda a Hullabaloo o a Showbiz en cierta manera, quizá por ese recurso que han usado tan parecido al que se usa en Hate this and I'll love you. Hablando de este tema, es bastante elaborado, con un final muy en la línea de los viejos Muse: riffs de guitarra soberbios, con una batería frenética ayudando a ese ritmo que quieren conseguir. El bajo va en paralelo con la guitarra, dando fuerza a esa melodía que lleva el final de la canción. Para concluir: voces de brokers del Wall Street; muy en la línea de la letra. Vuelvo a decirlo: buenísima.


8.- Explorers: El problema de esta canción es que se les acabaron las ideas. Si escuchamos el estribillo es una copia de Invincible, de Black Holes & Revelations. Así, sin más. Además, el tema es demasiado... mmm... romanticón. Con recursos muy utilizados en baladas... y en nanas. No convence, así de sencillo. Unos coros muy extraños, unos violines que siguen moviendo la canción entre algodones rosa y una subida de tono para finalizar la canción. Falta la purpurina. Mirando atrás tenemos algún que otro antecedente de balada, pero no era tan ñoño, como Ruled by secrecy o la ya mencionada Hate this and I'll love you... incluso Unintended es menos ñoña. Esto es parecido a Neutron Star Collision... y ya sabemos para qué tipo de público se creó ese tema... A todo esto: la canción es repetitiva y se hace larga.


9.- Big Freeze: Una distorsión de guitarra que recuerda mucho a U2 (yo diría que demasiado) nos acompaña durante toda la canción. Sin embargo, no disgusta. Y en sí, la canción da la talla. Es algo que nunca se había escuchado en Muse, porque tiene un tono muy alegre y positivo (si leéis la letra, entenderéis por qué), casi comparable al que se encontraba en Thoughts of a dying atheist. Los coros están bien situados, en los sitios que necesita el tema. El estribillo descoloca, por el cambio tan poco intuitivo de nota, pero se endereza solo gracias a los coros y a la voz logradísima de Matt. Un solo muy de Bellamy, distorsionado de forma distinta y muy sucia, pero a la vez melódica. Una canción bastante buena, por detrás de Animals, a mi gusto, en el top de mejores canciones del disco.


10.- Save me: Será, junto con la siguiente canción, el debut de Chris Wolstenholme, el bajista de Muse, como cantante. Y... siento mucho que sea de tan mala manera... La canción es repetitiva, pesada, larga... y no tiene nada. La melodía es simple y extraña. Para más inri, empiezan a añadir guitarras y efectos y coros como si no hubiera un mañana, haciendo de la canción algo muy desordenado. Chris dijo, en una entrevista a la Rolling Stone española, que escribió esta canción cuando realmente sentía lo que la letra quería transmitir, y ahora no sabía cómo enfocarla. Quizá haya sido eso, o cualquier otro motivo que ahora no se me ocurre, pero el crimen es el mismo: no hay por donde coger esta canción. Lo positivo: la voz de Chris, únicamente.


11.- Liquid State: Esquivando el bache de la anterior canción, encontramos algo más digerible con Liquid State, pero vuelvo a escuchar algo que no me gusta. ¿Por qué cuando Chris canta le ponen un efecto... tan difuso? Como si quisieran disolverla en la canción. ¿Por qué no la dejan tal cual, y escuchamos limpiamente lo que el bajista puede ofrecernos? No sé si será idea de Chris o de Matt (me decanto por este último, no me preguntéis por qué), pero no me convence. Omitiendo este hecho, escuchamos una canción con un bajo sobresaliente, llevando la batuta, y la guitarra haciendo pequeñas variaciones y pall mute. También podemos ponerle una pega a la melodía, un tanto difícil de encajar, pero que termina por resolverse sola a medida que avanza la canción. El problema, y grave a mi parecer, es que esta canción no le pega a Chris. Si esta canción hubiera sido comandada por Bellamy a la voz, podríamos estar hablando de una buena canción, pero no es así. Aparte, no se innova, demasiado lineal, y no encontramos esos cambios misteriosos con los que nos deleitaban antes. Una canción mediocre.


12.- The 2nd Law: Unsustainable: Aquí tenemos para Bellamy la niña bonita de The 2nd Law. No voy a dedicarme a comentarla, sinceramente. Ya dije algo en la entrada de Madness: esto ni es dubstep ni es Muse. No diré nada más.


13.- The 2nd Law: Isolated System: Si alguien pensaba que la segunda parte de esta especie de sinfonía/pretenciosidad/idadeolladeMatt iba a parecerse a la primera parte, se equivocaba. Son la cara opuesta de la misma moneda. En ese sentido, podemos intuir por qué recibe el nombre de The 2nd Law: estado A (segunda parte) a B (primera parte) aumenta el desorden. De lo simple a lo complejo. De lo minimal a lo extrañamente sobrecargado. ¿Qué problema encontramos tanto en la primera como, muy a mi pesar, en la segunda?: el ego de Matt, esa moneda que da sentido a las dos caras. Esa intención pretenciosa de hacer algo distinto, innovador, elitista incluso... y quedarse en el intento. Obviamente, Isolated System agrada más que su hermana, muy a lo The XX jugando con la sencillez para intentar transmitir algo que no es sencillo. Una canción conceptual, en la que la única voz que escucharemos pertenece a periodistas, locutores, oradores... hablando de lo que ha cautivado ahora al bueno de Matt: la política, la economía... y el estado en el que se encuentra ahora. Por lo demás, no pasa nada. Y es así: el tema resulta ser una composición bastante buena de piano (como protagonista), violines, efectos electrónicos y no mucho más. Si el disco hubiese sido redondo, habría aplaudido este tema, tanto a nivel sinfónico como a nivel ideológico. 


Pero es que no es así, Matt cree que ha hecho el mejor disco de su carrera y se permite terminarlo así, como dando el broche de oro. Y, desgraciadamente, lo único que transmite es pretenciosidad. No se me ocurre otra palabra para definir el fenómeno que se está dando en Muse. Espero, por el bien de este trío, que Chris y Dominic agarren de la pierna a Bellamy y le acerquen al suelo para que ponga de nuevo los pies en la tierra, porque no le viene nada bien estar ahí arriba. Porque, y terminaré como empecé, el ego de Matt no se crea ni se destruye, sólo se transforma.