viernes, 30 de noviembre de 2012

Mientras tanto...

- Espera - Dijo el mal desechando el vacío que había en tu cabeza - ... lo... lo siento, no pretendía hacerte daño, sólo utilizarte.

- ¿Y qué significa, sino, el dolor? ¿No implica sentirse un objeto?

- No dramatices...

- Te lo digo sin prejuicios ni tapujos: el ser humano utilizado no es feliz.

- ... Ni nunca lo será.

El monstruo recapacitó. Lo que le descubría el contacto con él desprendía un halo de sabiduría nunca experimentado en sus carnes maltrechas. No podía creer que hubiese algo más allá de la oscuridad de sus hazañas.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Tensión

La sensación de que los cimientos de todo lo que palpas pueden explotar en cualquier momento. 
Eso es supervivencia.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Inserte aquí su destino

Dime si no escuchas las campanas.
Sí, aquellas que anuncian que todo se está acabando, que hay que recoger y partir.
... pero no sabes ni dónde están... ¿verdad?
Estás vagando en círculos, equipaje en mano, debatiendo si es por allí, por allá... quizá por ese camino o a lo mejor es por este otro de aquí al lado.

No lo sabes.

No tienes ni idea.

No vas a atreverte a preguntar, no vaya a ser que te tomen por un ignorante... o peor aún: un inculto.
Así que ahí estás, de pie, sin perder tu mirada perdida, fingiendo que lo entiendes todo cuando, en realidad, no le encuentras sentido a nada. 
Y empiezan las vacilaciones. Empiezan los nervios, las caras raras, las lágrimas... 
Ves a la gente correr, persiguiendo la salvación, el sueño o... no lo sabes bien. Compruebas en tus carnes la verdadera oscuridad en la que puede verse sumida tu corazón, lleno, antaño, de esperanzas, de gloriosas carcajadas...
Pero ahora no corres, ahora ni te mueves. Ahora ni te inmutas. Sólo esperas. No sabes a qué. Ni quieres saberlo. Sabes la respuesta a la pregunta, pero ay... si sólo fuera eso...

Por cierto, ¿estás seguro de que lo llevas todo?

sábado, 3 de noviembre de 2012

Entre el trigo


¿Sabéis qué?
Que correr es lo mejor que puedes hacer en la sana locura que nos invade cada vez que se tiene una noche como esta. 
Correr, con los brazos agitados al viento, la cabeza levantada de orgullo por empezar a valorar el riesgo propio de nacer.
Correr para no volver y buscar ese nuevo horizonte lleno de sonrisas y tristezas, lleno de anécdotas irrepetibles y de momentos imprescindibles para sentirse afortunado.
Correr, y correr, y correr hasta sentirse exhausto, derrotado, jodido... Y, sin descanso alguno, volver a correr.