Dibujaba un campo de flores tono grisáceo. El tiempo parecía que no iba con ella, ni con su manera de entender el mundo. De vez en cuando, dirigía su mirada hacia vete-tú-a-saber-dónde para encontrar no-se-qué-cosa. Y era entonces cuando sonreía.
Su destino pasaba por allí, por esos trazos a lápiz poco depurados y el capuchino mal preparado por la primeriza de la cafetería. Un trazo, un sorbo, mirada al infinito... y vuelta a empezar. Era predecible pero no cansaba verla hacer aquello. Era un espectáculo digno de los mejores y más caros asientos en primera fila.
Su pelo chocaba con un ambiente bohemio; era dorado, color divinidad, y lo reunía una fina cinta burdeos que dejaba bien claro que lo mejor estaba por llegar.
Vestía a su manera, pero siempre guardando las formas de una dama de las que no quedan. Quizá un vestido... mañana, un jersey a rayas... Hoy, callaba los murmullos con una camisa.
Empapaba su mesa de inmortalidad, y eso, caballeros, no es fácil. Contar los motivos, elementos, azares y elocuentes aunque predecibles buscones (o mi mirada puntual de todos los miércoles), deriva en el fin de la historia, en que ella coge sus bártulos, se levanta y nos abandona para siempre. Pero no. Aquel es su sitio. Su sino.
Estas citas diminutas y sin sentido deben valer para algo. No lo hago porque sí. Si se ha producido en un sentido, ¿por qué no en el contrario? Contar los motivos, elementos, azare... Bueno, eso. Mi mesa no posee vida propia. Tampoco paro el tiempo.
Pido un café solo, dejo el abrigo en la silla vacía a mi lado y me siento a esperar y a observar, sin llamar la atención. Un día, en una de sus miradas furtivas en busca de esa musa, clavará sus pupilas en las mías.
viernes, 29 de noviembre de 2013
La vuelta
martes, 20 de agosto de 2013
Sobornando a Caronte
Para sorprenderme, hay que reír. Hay que jugar, hay que amar. Déjate de cuentos en los que yo soy el protagonista y tú la princesa a la que hay que rescatar. Olvida la máquina de escribir, los papeles en el suelo arrugados, el humo inundando la habitación, el olor a esa mezcla de napalm y decepción, el crujido de la cama cuando hacemos el amor, la luna atravesando ese amasijo de hierro. Olvida todo eso.
Invéntate una vida, pero deja de mentirme, empieza a joderte a ti misma y luego hablamos. Rásgate las vestiduras por tus principios, santo Dios. Muérete, y regocíjate en la misma mierda que sustenta el mundo, como si no pudieses verla. Siéntete sin vida, sin un alma al que alimentar con guitarras, escenas y besos. Con más culpa en tus espaldas que arrugas en tus manos. Que te sientas como un maldito horzuelo, un estorbo, un despojo. Un bailarín sin música de fondo o un monstruo con traje y corbata, me da igual.
Que te duela. Que te hiera. Deseo que te pegues, que te hagas daño y te maldigas, te destroces, que tu autoestima te tenga contra las cuerdas y no pare de destrozarte tu cara bonita. Así.
Y si la sangre te parece mucha, es porque no es suficiente.
Cuando abandones toda esperanza, cuando compartas más con el asfalto que conmigo, sólo entonces correré, como nunca antes he huido, hacia tu lado, te levantaré, te besaré y te daré la bienvenida a mi mundo.
Invéntate una vida, pero deja de mentirme, empieza a joderte a ti misma y luego hablamos. Rásgate las vestiduras por tus principios, santo Dios. Muérete, y regocíjate en la misma mierda que sustenta el mundo, como si no pudieses verla. Siéntete sin vida, sin un alma al que alimentar con guitarras, escenas y besos. Con más culpa en tus espaldas que arrugas en tus manos. Que te sientas como un maldito horzuelo, un estorbo, un despojo. Un bailarín sin música de fondo o un monstruo con traje y corbata, me da igual.
Que te duela. Que te hiera. Deseo que te pegues, que te hagas daño y te maldigas, te destroces, que tu autoestima te tenga contra las cuerdas y no pare de destrozarte tu cara bonita. Así.
Y si la sangre te parece mucha, es porque no es suficiente.
Cuando abandones toda esperanza, cuando compartas más con el asfalto que conmigo, sólo entonces correré, como nunca antes he huido, hacia tu lado, te levantaré, te besaré y te daré la bienvenida a mi mundo.
domingo, 21 de julio de 2013
Pasos mentales
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
¿Y si después de todo, no tengo razón?
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
Olvídate
miércoles, 10 de julio de 2013
Texto para no leer
Ahora mismo estoy escribiendo sin saber por qué. De hecho, no sé qué deciros ahora mismo. No tengo ni la más remota idea, incluso, de por qué tendríais que estar leyendo esto... o de si realmente alguien en su sano juicio lee a un loco que, ya os he dicho, no sabe por qué está escribiendo ahora mismo todo esto.
Normalmente quiero rozaros el alma, sin arañarla, cuidándola y meciéndola con dulzura como lo hacen esos buenos tomos de color y olor inolvidable, a tarde de verano, a amor perdido, a juego de niños. Sí, juego a poder sentirla en mis carnes y a ahondar ahí, dejar huella.
Pero hoy... es que ya os digo, no sé qué deciros. Mi mente está de vacaciones y mi cuerpo sigue al pie del cañ... ¿o era al revés? Espera... sí, sí, está bien, es eso. Iba diciendo que la lucha es jodida...
... ¿Veis? Y me quedo en blanco, así, sin más, y ahí estáis vosotros leyendo, esperando a que diga, en el mejor de los casos, algo interesante... A la porra con vosotros. ¿Y qué hay de mi? ¿Qué hay de mis sueños, de mis divagaciones primitivas, de mis principios?
Oh... mis principios. Dónde han quedado esos pobres.
Enterrados hasta las rodillas y con una venda en la boca para que no puedan decidir ni mediar palabra. En mi interior se dio hace tiempo un golpe de estado y ahora hay un señor que hace lo que quiere sin pensar en claro. Es como Franco, pero sin bigote... a mi no me queda bien el bigote.
'Hombre, Ale, estás exagerando, has llegado a compararte con...', calla, que no has pillado nada de lo que he dicho. Digo que hace tiempo que el mundo dejó de ser para mi. Y hace mucho que mi musa, si es que tuve alguna vez, me dejó por algún guaperas de metro noventa y melena. Si es que son todas unas putas (sin ofender)
Porque para escribir hay que estar a gusto. Haber hecho antes una labor ardua mas necesaria, amueblar lo que hay que amueblar, montarte tu propio lugar en el mundo, lejos de bestias y desalmados y robasueños y... descansar. Descansar, descansar y escribir. Y ahí empezaremos a entendernos. Ahí entenderéis lo que yo no he podido cumplir todavía y el motivo por el que escribo esto sin saber muy bien por qué lo escribo. Escribir es hermoso, precioso y digno, pero sin esa serenidad termina siendo...
... termina siendo... eh...
... pues esto: un texto que no sé muy bien de dónde ha salido.
Normalmente quiero rozaros el alma, sin arañarla, cuidándola y meciéndola con dulzura como lo hacen esos buenos tomos de color y olor inolvidable, a tarde de verano, a amor perdido, a juego de niños. Sí, juego a poder sentirla en mis carnes y a ahondar ahí, dejar huella.
Pero hoy... es que ya os digo, no sé qué deciros. Mi mente está de vacaciones y mi cuerpo sigue al pie del cañ... ¿o era al revés? Espera... sí, sí, está bien, es eso. Iba diciendo que la lucha es jodida...
... ¿Veis? Y me quedo en blanco, así, sin más, y ahí estáis vosotros leyendo, esperando a que diga, en el mejor de los casos, algo interesante... A la porra con vosotros. ¿Y qué hay de mi? ¿Qué hay de mis sueños, de mis divagaciones primitivas, de mis principios?
Oh... mis principios. Dónde han quedado esos pobres.
Enterrados hasta las rodillas y con una venda en la boca para que no puedan decidir ni mediar palabra. En mi interior se dio hace tiempo un golpe de estado y ahora hay un señor que hace lo que quiere sin pensar en claro. Es como Franco, pero sin bigote... a mi no me queda bien el bigote.
'Hombre, Ale, estás exagerando, has llegado a compararte con...', calla, que no has pillado nada de lo que he dicho. Digo que hace tiempo que el mundo dejó de ser para mi. Y hace mucho que mi musa, si es que tuve alguna vez, me dejó por algún guaperas de metro noventa y melena. Si es que son todas unas putas (sin ofender)
Porque para escribir hay que estar a gusto. Haber hecho antes una labor ardua mas necesaria, amueblar lo que hay que amueblar, montarte tu propio lugar en el mundo, lejos de bestias y desalmados y robasueños y... descansar. Descansar, descansar y escribir. Y ahí empezaremos a entendernos. Ahí entenderéis lo que yo no he podido cumplir todavía y el motivo por el que escribo esto sin saber muy bien por qué lo escribo. Escribir es hermoso, precioso y digno, pero sin esa serenidad termina siendo...
... termina siendo... eh...
... pues esto: un texto que no sé muy bien de dónde ha salido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)