domingo, 28 de octubre de 2012

Mumford & Sons: o cómo ponerte los pelos de punta

Cuando un grupo es bueno, se nota. Se sabe, se puede intuir al escuchar sus canciones. Independientemente de si el género te gusta o no, llega un momento en el que tienes que rendirte a lo obvio. Mumford & Sons es algo así: un grupo que, independientemente de si te gusta o no el folk rock que defienden con su banjo, su guitarra acústica imprescindible, su contrabajo y sus pinceladas de percusión suave; no puedes evitar soltar algún piropo antes de no volver a escucharlos jamás. Es un libro que puede que tenga altibajos a lo largo de sus páginas, pero que siempre tendrá un final feliz. Y es que, por mucho que nos empeñemos, estos chicos ingleses dominan como nadie la coordinación entre instrumentos, dejando a un lado la sobrecarga que usan muchísimos grupos del panorama musical actual para encaminarse hacia el éxito con una música sencilla, directa y melódica a más no poder. Una gran victoria para ese otro tipo de hacer música que no estamos acostumbrados a escuchar fuera del pop rock y, sinceramente, se agradece la valentía que han tenido al apostar por el folk como ingrediente esencial de su popularidad. Ya, en otra ocasión, vimos que no es la única banda que hace alarde de estos elementos. El caso de White Buffalo es más o menos igual pero con el southern rock como estandarte; la premisa es la misma: lo sencillo conmueve si está bien hecho y, en el caso de Mumford & Sons, llega a poner los pelos de punta.

De izquierda a derecha: Winston Marshall, Ted Dwane, Ben Lovett y Marcus Mumford

El comienzo de la carrera de este cuarteto ronda el 2007, cuando aprovecharon el éxito que tuvieron otros artistas que ya estaban usando el folk para llegar al público, como Laura Marling o Noah and the Whale. Lo integran cuatro fenómenos musicales:

- Marcus Mumford, que se encarga de la voz principal y de la guitarra acústica y, en menor medida, de la batería y la mandolina. Antes de crear Mumford & Sons, ya participó con otros grupos, como la propia artista Laura Marling como batería. 
- Ben Lovett se mueve en el terreno de los coros, del teclado, del acordeón y, en menor medida, de la batería.
- Winston Marshall domina el banjo, haciéndolo imprescindible para las composiciones del grupo. Además, se suma a los coros y, algunas veces, podemos verle usar el dobro (también conocido como resonador).
- Ted Dwane se encarga del contrabajo, instrumento que aporta parte de esa esencia única del grupo. Por otro lado, es capaz de tocar la batería y la guitarra, y también aporta su voz para los coros.

Juntos empezaron a toquetear con la popularidad en ese mismo año, haciendo conciertos por distintos locales de Inglaterra, hasta que en 2008 lanzan, con bastante riesgo, su primer EP: 'Lend me your eyes'



¿Qué podemos encontrar en este debut? Tres canciones que incluirán en su primer álbum de estudio, Sigh no more, y una canción inédita llamada Liar, la cual recoge ya un concepto difuso de lo que será Mumford & Sons en adelante.



Podemos ir abriendo boca con este tema y darnos cuenta de la peculiaridad de la voz de Marcus, el cierto protagonismo intencionado que se le da al banjo y a los coros, y la sencillez de la que comencé hablando en la entrada. Es así: Mumford & Sons es esto. La guitarra se recrea en los arpegios y el banjo la potencia en los estribillos y en los medios y últimos compases del tema, como un in crescendo que, en los próximos trabajos, se intensificará, dándole una atmósfera épica al trabajo de la banda. Por supuesto, esos coros tan característicos ayudan a este concepto que quieren conseguir, añadiendo, además, la pandereta y el piano para terminar zanjando con una tranquilidad marcada, de nuevo, por Marcus en solitario.

No será el único EP que pondrán en el mercado ese año. 'Love your ground' reduce su número de temas a dos, siendo uno de ellos incluido en el primer álbum. 



'Hold On To What You Believe' es el tema inédito de los dos.


La batería hace acto de presencia por primera vez, al igual que otros instrumentos como el violín. Por supuesto, todo lo dicho en el anterior EP se aplica a este: Marcus lleva la batuta con su voz y su guitarra acústica, con coros que aportan ese ambiente ya mencionado de épica. Un elemento imprescindible que cubre por completo las composiciones del grupo es la coordinación y lo increíblemente melódico que es todo: no puedes terminar la canción sin evitar tararear algo de ella. Y es que, como ya he mencionado, lo sencillo atrapa de una forma tan voraz que es imposible escapar a él.

Sin embargo, nada comparado con su primer álbum de estudio. Seguirán con esa tónica de actuar en locales y como colaboradores de otros grupos, como la ya artista amiga Laura Marling hasta agosto del 2009, mes en el que Markus Dravs, productor de grupos como Arcade Fire, se interesa por ellos. Con él grabarán Sigh no more, y bajo las discográficas Island Records y Grassnote Records saldrá a la venta el 5 de octubre del mismo año, dos meses después del encuentro con Markus. 


Todo lo dicho hasta ahora se magnifica en este álbum, lleno de composiciones grandiosas como 'Little Lion Man', 'Sigh No More' o 'The cave', entre otras. También encontramos baladas con toques dramáticos como 'White Blank Page' o 'I Gave You All'. La épica es notoria, siendo muy usada la estructura 'comienzo suave, final fuerte'. Es de reseñar el uso del banjo, que gana protagonismo con punteos desbocados y colocados en lugares muy estratégicos para ir atando cabos de la composición misma. Las voces son indudablemente excelentes, con coros que ayudan a la épica y a esa unicidad y perfección melódica que buscan en cada tema. Es increíble, además, los textos que componen para cada pieza del disco, con influencias de Shakespeare, Macbeth, Platón, Homero, etc. Un disco redondo que empezamos a comentar:

1.- 'Sigh No More': Si tuviera que escoger una canción para empezar el álbum, indudablemente sería esta. Comienza con un arpegio muy leve de Marcus, acompañado, posteriormente, por los coros y su propia voz. Claramente, la canción tiene dos partes bien diferenciadas: una en la que nos dejan con la miel en los labios, como queriendo explotar pero sin hacerlo, con esos coros que nos evocan a un momento glorioso y frenético que no acaba de llegar. En ese sentido, nos dejan en stand by, meciendo la imaginación con la guitarra tan suave a cargo de Marcus. Lo cierto es que la primera parte termina con una pausa que da paso a la segunda, que, con la guitarra 'palmuteada' de fondo, nos sigue transmitiendo el sentimiento que conseguía la primera parte. Pronto dejan de 'palmutear' y empieza lo bueno: rompen con todo. Banjo, órgano, bombo... épica. 


2.- 'The Cave': Sin duda, una de las canciones a destacar del disco, siendo casi un himno de Mumford & Sons. Una canción que juega con la estructura suave-fuerte durante toda la canción, como un tira y afloja armónico a más no poder. Esa lucha va decantándose por la fuerza, incluyendo instrumentos de viento como la trompeta y otros como el piano. Los coros, el banjo, el bombo, como siempre, son los que llevan el ritmo básico en estas zonas rompedoras. Incluso podemos ver como las voces, hacia el final, producen eco, ayudando a dar una especie de broche de oro a la canción y a la épica. La melodía se repite durante toda la canción, y aún así, no se hace pesada, debido a ese equilibrio entre lo suave y lo fuerte, entre lo tranquilo y lo desmesurado. Ya digo: estupenda.


3.- 'Winter Winds': Con este tema optimista nos quieren mostrar, de nuevo, una exaltación que, además, es latente en el videoclip. No nos equivocamos al decir que el vídeo reproduce fielmente lo que quieren transmitirnos con este tema. Uso inequívoco de instrumentos de viento, que llegan a ser casi los protagonistas; todos los demás instrumentos siguen su línea particular y frecuente como acompañando los coros y la voz de Marcus, que sobresale sobre las demás con altos rasgados y muy localizados. La percusión, en este caso, es imprescindible al estar casi toda la canción exaltada, dándole esa atmósfera positiva que comentaba. La pandereta, los platillos y el bombo sólo marcan el ritmo, lo suficiente para no romper la solemnidad y conseguir cerrar el tema llenando ese hueco que faltaba.


4.- 'Roll Away Your Stone': Nos movemos ahora a un pseudo-country logrado mayoritariamente por el banjo de Winston, que se marca unos increíbles solos con muchísimo sentimiento detrás. Y es que resulta ser otra de las grandezas de Mumford & Sons: el sentimiento que le ponen a cada letra, cada acorde, cada composición es única y cada tema transmite una emoción propia. El piano aparece, marcando mucho los ritmos, al igual que la percusión en forma de bombo, y platillos más al final. La voz de Marcus se sale, literalmente, de su registro, rasgándola como nunca.


5.- 'White Blank Page': Otro de los grandes temas del disco en el que, tanto la letra como la misma canción, se empapan de amor. Una balada muy acertada, con una guitarra muy característica y un banjo, en este caso, muy tranquilo. Lo mejor de la composición es la sección de cuerda asociada al violín, una idea muy buena que se usa antes de los estribillos, como carta de presentación, y casi hacia el final de la canción, dándole mucha seriedad y, a la vez, dulzura a ese conjunto de sentimientos que intentan transmitirnos. Ese tándem suavidad-fuerza se va repitiendo al igual que veíamos en las anteriores canciones; podemos asegurar sin miedo que va a ser un recurso muy muy usado por el cuarteto. La parte final es muy épica: los coros son impecables y decisivos.


6.- 'I Gave You All': El comienzo es ya un recurso fijado por Marcus, empezando con arpegios y con su voz destrozando la tranquilidad, aún siendo esta muy aterciopelada. Poco tarda el piano y el banjo en hace acto de presencia, pero de una forma muy puntual, para marcar los compases. Luego será el bombo y poco a poco empezamos a animarnos. La canción deja de tener un sentimiento pesimista a uno más cercano a la rabia, incluso. El primer estribillo es el punto de inflexión de este cambio. Pronto todo adoptará una fuerza increíble, muy sentenciosa, y la voz de Marcus muestra esa rabia que decíamos antes. El final es la calma después de la tormenta, como mostrando una cierta resignación.


7.- 'Little Lion Man': Quizá es la canción insignia de este álbum. No lo digo yo: lo dicen los Grammy. Estuvo nominada como Mejor Canción de Rock de ese año. Y no es para menos... En este caso, todos y cada uno de los componentes aportan su gran grano de arena para hacer una canción única. El contrabajo es notable, acompañando a la tan rítmica guitarra de Marcus. El bombo se usa cuando se tiene que usar, cuando la canción coge fuerza. Todos se suman a una sola voz, a una sola corriente, en los estribillos y en los momentos posteriores a estos, donde es el banjo el que marca la diferencia. El piano se limita a marcar los compases la mayor parte del tiempo, sólo variando esta tónica en los momentos fuertes. Ni comentar la gran y pegadiza melodía, que, aunque repetitiva, no se hace pesada. Como siempre, el ritmo se convierte en frenético al final de la canción. El final, a capella entre los cuatro, es el ejemplo claro de la épica que llevamos mencionando tanto hasta el momento.



8.- 'Timshel': Al igual que 'Sigh No More', esta canción se inicia con arpegios y unos coros al unísono de los cuatro componentes. Es más, así se mantiene hasta bien entrada la canción, hasta casi terminarla. Sólo se verá modificada por un banjo que se hace notar muy poco y por esa ya cotidiana fuerza que suelen usar para poner la guinda. Canción corta, propia, diría yo, de los anteriores EP's. Un poco flojo, pero dentro de su estilo.


9.- 'Thistle & Weeds': Una canción extraña y muy grave, con unos acordes no tan intuitivos como los que hemos escuchado hasta ahora. Incluso llega a recordar a una música propia de monasterios por allá perdidos. Un órgano muy sugerente, unas notas muy melancólicos, un piano muy rápido y destartalado que le da muy buen ritmo al tema, allá por la mitad, que es, precisamente, cuando se empieza a animar todo, con Marcus forzando la voz y llevándola a sus límites. Muy sentenciosa en esos momentos, con parones incluidos e inclusión de violines y trompetas que la colocan en un espectro muy propio de Mumford & Sons. Volvemos a lo mismo: el estilo es incombustible e inconfundible.



10.- 'Awake my soul': Un poco más optimista, tanto por el ritmo, las notas y la melodía de la voz, es 'Awake my soul', donde volvemos a ver esa paridad guitarra-contrabajo que queda tan bien con la voz de Marcus. Más adelante, se sumarán los coros, para volver a la épica donde se encuentran a gusto esta panda. No tardaremos en escuchar el piano y lo que parece ser el resonador. Pero... lo mejor de la canción es la recta final. Mítica. No hay otra palabra. Aparece el banjo, el órgano, los coros al unísono... Brillante.


11.- 'Dust Bowl Dance': Quizá es la canción donde más percusión vamos a escuchar. Es un oasis en el disco, ya que esa elegancia que otorga conseguir hacer este tipo de canciones sin percusión fuerte no es latente en este tema. Sin embargo, podemos ver que se desenvuelven muy bien incluso con la batería, símbolo del virtuosismo de cada uno de ellos. Son capaces de sacarnos una sonrisa con o sin ella. La canción, no obstante, empieza muy pesimista, con un piano y Marcus presentando una letra que ayuda a ese sentimiento de tristeza. Un banjo se suma para darle el toque Mumford. El estribillo pisa fuerte, con coros graves. Lo que parece ser una guitarra eléctrica aparece para aumentar la fuerza de la canción, que coincide con Marcus y su voz rasgada. Incluso vemos el uso de la técnica del slide. Todo va aumentando, hasta que explota con el uso de la batería. En ese sentido han sabido aprovechar perfectamente el in crescendo que tanto les define con algún que otro parón en medio. El final es increíble, con un 'desorden ordenado' y una vuelta al principio, cerrando el tema de forma circular y elegante.


12.- 'After The Storm': El nombre de la canción nos presenta perfectamente que estamos ante el final del disco. Y es cierto: deciden calmarse. Terminar haciendo lo que mejor saben: sencillez de valor incalculable. Guitarra, voz casi a capella, un eco que te lleva perfectamente a través de la tranquilidad del tema. Tan tranquila, que abandonan los coros sobrecargados y sólo uno de ellos acompañan a Marcus, mientras un violín termina de cautivarnos. Simplemente mágica. 


Un disco que, como decíamos al principio, independientemente de si te gusta el estilo en el que se desenvuelve, admites que desde la primera canción hasta la última se pone de manifiesto un ejemplo de música bien hecha. Salvo alguna que otra excepción, recibe muy buenas críticas, recibiendo premios como el BRIT Awards al Álbum del Año y entrando fuerte en el Billboard estadounidense, ganando fama y éxito conforme el número de ventas del disco sube. 

Sin embargo, los cuatro ingleses van pensando ya en un nuevo proyecto. Y lo mejor de todo: saben que pueden hacerlo mejor aún. En 2011, durante algunos de sus energéticos conciertos, deciden mostrar una selección cuidada de material nuevo que, retocado lo justo, se incluirá en el segundo álbum de estudio. Canciones como 'Hopeless Wanderer' o 'I Will Wait' (conocida en su fase inicial como 'Nothing Is Written') dejan entrever lo que será ese segundo disco, que aumenta, si es posible, el nivel que tuvo el primero en cuanto a composición, épica y elegancia. Un cóctel que hace de Babel un imprescindible en nuestra colección.


Además de los mencionados anteriormente, Babel tiene temas tan interesantes como 'Below My Feet', 'Babel', 'Broken Crown' o 'Lover Of The Light'. Todos ellos de carácter alegre, demoledor, con la misma épica que nos transmitían los grandes éxitos de Sigh No More pero con un toque que nos hace pensar que este grupo va hacia algo grande. Ha madurado en la forma de componer, de tal manera que las partes están menos diferenciadas, hay más uniformidad. Además, los instrumentos han agarrado calidad por los cuatro costados, al igual que la voz de Marcus:

1.- 'Babel': El disco comienza fuerte, con esta especie de cántico propia de una fiesta rural. Un ambiente callejero que gusta mucho y que, de la mano de la rabiosa voz de Marcus y el banjo de Winston, nos transporta a ese ambiente que intento describir. Hay que escucharla. No faltan los parones tranquilos propios del tira y afloja marca de la casa. Por supuesto, una canción muy melódica, muy intuitiva, muy 'tarareable'. Empezamos bien...


2.- 'Whispers in the dark': Enlazando con el final de la anterior canción, con un suave eco, empieza esta canción que, aunque tranquila por el momento, pronto empezará el bombo y la guitarra abandona el arpegio para dedicarse a los acordes rítmicos y percusionistas en cierto sentido. El banjo, de nuevo, se sale, recalcando que Winston ha decidido ponerse en serio. Aparece el piano de manera notable y la guitarra eléctrica para rellenar esas vísperas de explosión que hay en el tema. Corto, todo hay que decirlo, pero da la talla. Quizá es una de las flojas del disco, pero, como pasaba con 'Timshel', son fieles a su manera de hacer música.


3.- 'I Will Wait': Estamos ante uno de los bombazos del álbum y, sin duda, una de las mejores del grupo. Todos sabemos qué se acerca al empezar a escuchar la canción, con tanta fuerza y ganas que sabemos que la tranquilidad posterior traerá más que eso. Los coros, en su línea, son largos y continuados, en paralelo con la melodía de la voz, muy sencilla y sin complicaciones, usando tonos altos en su mayoría y palabras que se alargan y se difuminan. Por supuesto, el estribillo es muy épico, con ese banjo tan característico y, de nuevo, el cuarteto sacando todo lo que pueden de sus pulmones. El final sigue la línea del estribillo, añadiendo trompetas para convertir el tema en un estallido elegante, sin salirse de sus cánones. Genial.


4.- 'Holland Road': Una estructura similar a canciones anteriores es lo que nos encontramos aquí: una tranquilidad que pronto se rompe para dar paso a voces rasgadas y coros que parecen emborronarse con la atmósfera, una guitarra que se deja llevar por la canción en forma de acordes... Pero aquí dejamos paso a puentes en forma de trompetas y parones con el estribillo de la canción en primera plana. Muy extraño, sí, pero queda bastante bien. Quizá una canción un poco mal colocada, debido a su predecesora en el álbum: pocas canciones pueden hacer sombra a 'I Will Wait'.


5.- 'Ghosts That We Knew': Una canción de esas tranquilas, al estilo 'After the storm', pero se ve potenciada en los últimos compases. Podemos imaginar el sentimiento que quieren transmitir con este tema, debido a su solemnidad y su buen ver. Como nos tienen acostumbrados, a medida que avanza la canción se van añadiendo instrumentos, como el banjo, el piano... y todo cobra un sentido más amplio que el que, inicialmente, significaba la canción. El empeño de Marcus puesto en cantar esta letra es notable, ayudando a imaginar qué quieren decirnos. Sinceramente, es una de las canciones que más me transmiten de Mumford & Sons, no traduciéndose esto en una de las mejores que tienen, ni mucho menos. Ojo a la letra.


6.- 'Lover Of The Light': Otro de los puntos fuertes del disco. Muy en la línea de la anterior en cuanto a lo que podemos sentir escuchándola. Se nota mucha emoción en esta canción por parte de Marcus y de todos los integrantes. Sin embargo, todo lo hacen de forma tranquila y sencilla. No nos sorprende ya que en el último minuto de la canción decidan dejarse llevar y demostrar que sus instrumentos también pueden hablar y transmitir sensaciones más allá de la propia letra incluso. Como anécdota, decir que en esta canción sí se usa la batería, y durante toda ella, de tal manera que, en concierto, Marcus se encarga de ella y no hay guitarra, al contrario que la versión de estudio. Las zonas tranquilas se rompen con el ritmo que marca Marcus en la batería y los demás deciden seguirle. Vuelvo a remarcar esa parte final en la que los cuatro, junto con trompetas, introducen el último estribillo.


7.- 'Lovers' Eyes': Misma estructura: comienzo tranquilo que se convierte en un estallido de instrumentos y coros. Esa suavidad-fuerza a la que nos tienen acostumbrados. Quizá es por eso por lo que, en este caso, no sentimos gran devoción. Es cierto: su estilo es su estilo. No hablo de eso: hablo de la disposición de las canciones. Necesario es distribuir las canciones de tal manera que no nos parezca que estamos escuchando una canción de casi una hora de duración. Hablando de la canción, recuerda un poco a 'Sigh No More' en la estructura, variando, aparte de los elementos básicos, en los coros, que no aparecen hasta bien entrada la canción y en los estribillos. También podemos darnos cuenta del uso del acordeón y, de nuevo, la sección de viento que tan bien les sienta.  


8.- 'Reminder': Si queríamos escuchar a Marcus en solitario con su guitarra, estamos de enhorabuena. En 'Reminder' podemos disfrutar de esto en todo su esplendor, de manera que llega a ser, personalmente, una de las canciones más emotivas de Mumford & Sons. Es corta, sí, pero intensa. 


9.- 'Hopeless Wanderer': Esta es, con diferencia, la mejor canción del álbum y, quizá es añadir muchos gustos personales, de Mumford & Sons. El piano que inicia la canción es perfecto, al igual que la melodía de la voz y ella misma. La letra no tiene desperdicio: muy sentimental y significativa. La guitarra no tarda en incorporarse, al igual que los coros en el puente hacia el estribillo. Pero, al contrario de lo que podríamos pensar, en esta canción la introducción al estribillo es rápida, atropellada, con una guitarra perfectamente marcando el ritmo que vamos a escuchar. Un estribillo mítico, épico, con panderetas, voces por todos lados y con la carga sentimental más importante del tema y la letra. A partir de aquí, todos se suman a la fiesta, con piano, un banjo amplificado... respetando las partes tranquilas de la canción. Un solo de Winston nos deja boquiabiertos antes de los estribillos finales, que cogen fuerza y cambian a unos acordes más optimistas. Perfecta.


10.- 'Broken Crown': Aquí el piano aparece desde casi el principio, y el banjo tampoco tarda en hacer acto de presencia. La canción en sí tiene una intención pesimista, y los acordes no son fáciles de intuir con el arpegio que abre el tema. Aún así, es uno de los mejores del disco. El contrabajo es el último en unirse, remarcando el sonido que crea el teclado y ayudando a esa atmósfera triste que rodea la composición. Toda esa tristeza se convierte en rabia (algo que ya nos suena de 'I Gave You All') conforme se avanza en la escucha, y seguimos escuchando la habitual sección de viento compuesta por trompetas. Un final que vuelve a adoptar esa tranquilidad con la que se empieza. 



11.- 'Below My Feet': El piano y la guitarra como carta de presentación para este tema que cierra los grandes del álbum. La voz de Marcus es grave, sólo abandonándolo para gritar en los siguientes compases de la canción. El estribillo es sencillo al principio con todos juntos cantando y un piano al fondo. Una guitarra eléctrica empieza a aparecer junto con unos ecos muy difusos y el contrabajo. La percusión es la típica: pandereta y bombo. Pero, como siempre, lo mítico y lo épico van cogidos de la mano en las partes finales de la canción. La melodía es perfecta, por eso gusta tanto y, como es habitual en Mumford & Sons, hace que el tema no se haga pesado, sino que te quedas escuchándola hasta que termina y no dices ni pío. Todo muy bien enlazado.



12.- 'Not With Haste': Aquí acaba el disco. Aquí acaba lo que, hasta ahora, tenemos de Mumford & Sons. Y lo hacen de la mejor manera: tocando su música. Su estilo. Su carácter puesto en una canción, con guitarra incombustible, banjo tranquilo, sólo con arpegios ornamentales; un piano marcando los compases... y poco más. Así es, ni hacen alarde de una fuerza desmesurada ni de una tranquilidad estática. Buscan el equilibrio, una vez más, como sólo saben hacerlo ellos. 


Y... ya está. Un disco que, como el anterior, se gana elogios de cantidad de fuentes y consigue ser el álbum número uno en muchos países europeos y en Estados Unidos desde las primeras semanas de vida, siendo lanzado en la veintena de septiembre. Sólo puedo decir que mi impaciencia por escuchar algo nuevo de estos es bastante considerable, y espero que sigan con su estilo, ese folk rock/indie rock que tanto les define y tanto dice de ellos. Su elegancia, su manera de conmovernos y sus ganas en los conciertos les hacen únicos en su especie, y muy difícil de encontrar algo parecido en el panorama musical de hoy. Sólo espero que, como siempre digo, intenten sorprendernos sin salirse de los límites que marcaron su éxito cambiando algún parámetro. Y, por supuesto, espero que el siguiente disco supere, y eso creo que es algo que todo grupo desea, estos dos primerizos.


lunes, 20 de agosto de 2012

Españoles... Muse ha muerto

Últimamente hay muchos grupos que están abandonando sus orígenes, ese estilo que hizo que saltasen a la fama y con el que han ganado millones de fans. No me parece mal siempre y cuando sepas mantener a esos fans que te han acompañado durante todo este tiempo y te dieron la vida.

De verdad creía que Muse, después del batacazo que resultó ser The Resistance para estos fans (entre los que me incluyo), recapacitaría y lograría elaborar un álbum con pinceladas de orquesta, rock clásico, psicodélico, espacial... todo eso a lo que nos tenía acostumbrado con Absolution, Origin of Symmetry o Black Holes & Revelations. Cómo sonaban esos discos... Aquí un ejemplo con el buque insignia de su cuarto trabajo de estudio: Knights of Cydonia.


Esto fue en 2006, siendo este disco el último de una saga de álbumes perfecta. Se consagró y ganó reconocimiento mundial por esta música. Sin embargo, en 2009 se atrevieron a dar un saltito, a despegarse de ese estilo tan propio que se convirtió en su sello de calidad. 'The Resistance', su quinto disco, empezaba a chirriar con canciones como 'Undisclosed desires' o 'I belong to you'. Temas que sabían a experimentación, a cambio de aires, sí. Las demás canciones... simplemente no sonaban bien. No importa, nos dieron el gustazo de Exogenesis, la obra magna de Matt Bellamy, y pensamos que sería un bache en el camino. Que seguirían hacia delante donde BH&R lo dejó. Necios.

Para el evento mundialmente anunciado (aunque no necesitaba presentaciones) de las Olimpiadas de Londres 2012, Muse encasilló una de las canciones de su sexto y esperadísimo álbum The 2nd Law. Días antes nos hicieron 'disfrutar' (sí: entrecomillo porque... bueno... juzgad vosotros) con un trailer (¿un trailer para un disco? Mmm me parece que alguien está jugando con la expectación...) de lo que se traían entre manos:



¿Qué? ¿Que ya ha acabado? Ah, lo siento... me estaba tapando los oídos. Si alguien es capaz de decir que esto es Muse, creo que tiene que darse una vuelta por sus primeros discos. ESO era Muse. ¿Qué es esto? Sí: tenemos instrumentos de orquesta al fondo pero... ¿dónde carajo están esos riffs de guitarra que te dejaban los pelos de punta (como Plug in baby)? Ahora la eléctrica de Bellamy se ha convertido en una mesa de mezclas. Música electrónica. Incluso decían que se pasaban al dubstep. Esto no es dubstep, es un intento de ser rompedores y quedarse en el intento de hacerlo bien. Ah, sí... aquí está Survival, la de los Juegos Olímpicos:


Emmm... bien, normalita, ahí va... No se acerca ni de coña a sus 'Hysteria' o 'Bliss', pero oye: escuchamos una guitarra al menos. Esta canción me dio esperanzas, de verdad. Sin embargo, hay canciones de su anterior disco (sí, de 'The Resistance') que suenan mejor y se alejan menos de lo que hacían antaño.

Pero bueno... yo, como oyente paciente que soy, les di una última oportunidad... 'El 20 de agosto sale el segundo single: Madness'. Guay... vamos allá.


Os relataré mi reacción conforme la he ido escuchando:
1.- ... Ehhhh... ¿qué? Será que me he levantado un poco desorientado, voy a escucharla otra vez
2.- ... Pues no: Bellamy se ha pasado al pop.
3.- Tiene un ritmo pegadizo, lo único 'salvable' es el último minuto.

He leído por Twitter que recuerda a una mezcla de U2 y Queen... ¿En serio? ¿De veras? A U2 vale, porque la recta final del tema suena a Bono que tira para atrás... ¿pero Queen? ¿por un solo de guitarra que apesta a Brian May y unos coros de tres segundos al estilo Mercury? Joder...

Esto es puro pop. No es Muse. Y como no es Muse, no me gusta. Yo no escuchaba a Muse por esto, sino por ESTO:


ESTO es Muse: alternativo, raro, difícil de encajar... y bello a la vez. No es 'Madness': un single chillón, popero, comercial, que pretende gustar a todo el mundo... No, miento: pretende satisfacer a los fans que han ganado con The Resistance y Crepúsculo... y a los que todavía no pertenecen a ese grupo y que con esta canción se engancharán a la pierna de Matt como Gollum al anillo.

Para muestra un botón: el siguiente tweet lo dice todo



A esto me refiero: ¿'Muser'? ¿Qué? ¿Perdona? ¿Desde cuándo hay musers? Yo creía que eso se quedaba para Justin Bieber con sus beliebers, o One Direction con sus directioners... Este es el tipo de fans de los que goza Muse ahora, y que se ha ganado con la nueva trayectoria musical que pretende llevar. Y, por ello, para seguidores de su verdadera esencia, como yo, no hay sitio en este grupo de groupies. Así que... sí, efectivamente: 'Si no te gusta Madness, no eres un verdadero muser'

Ay...
Escucharé el disco, obviamente, pero... a estas alturas mis esperanzas se han reducido a la misma velocidad con la que Bellamy dice 'MamamamamamamamaMaaaaaMaaaaaMaaaaa'.


jueves, 2 de agosto de 2012

The White Buffalo: la voz desgarradora del sur de EE.UU



La voz es algo muy importante en un grupo, eso es evidente. Siempre tiene que cumplir dos requisitos:

1.- Que sea de buena calidad.
2.- Que combine perfectamente con el estilo de la banda.

Encontramos muchos ejemplos de esto, como en Avenged Sevenfold (con la voz impresionante de M. Shadows) o System of a Down (y Serj Tankian con su voz de tenor).
Desgraciadamente, hay veces que no podemos presumir de un vocalista con estos requerimientos. Casos como el de Red Hot Chili Peppers, en el que Kiedis clava perfectamente lo que el grupo quiere transmitir, pero no podemos afirmar, sin embargo, que su voz luzca con una calidad equiparable a las anteriormente mencionadas. Es buena, pero no increíble.
La cuestión es que no importa: Red Hot ha cosechado éxitos a nivel mundial durante gran parte de su vida musical. Entonces, ¿qué pasa? Sinceramente, si el grupo no tiene un vocalista perfecto, no pasará nada siempre y cuando suenen, en conjunto, bien. Ahora: si el cantante es perfecto, sólo hace falta que el resto del grupo sepa lo que es un instrumento.

Dicho esto, os presento a The White Buffalo:


Si queréis saber el nombre de este increíble cantante, es Jake Smith. Si me dicen que 'The house of the Rising Sun', canción archiconocida gracias a The Animals, la hicieron para que este hombre la cantase, me lo creo. Es espectacular la señora voz que posee, que se ve potenciada acompañada de una guitarra acústica y cualquier clase de melodía dentro de los límites que marcan el rock, el country, el folk y el blues (eso que por ahí nombran como 'southern rock') Hablamos de un grupo en el que la voz predomina, donde el uso de la guitarra acústica, la eléctrica (con la técnica del slide muy recurrente) y otros instrumentos de cuerda y de viento son comunes. El bajo también se ve potenciado, debido al protagonismo de la acústica.

Jack Smith

La historia de Jack Smith es interesante. Nació en Oregon y se crió en el sur de California, para luego perseguir la Universidad en Huntington Beach. Al conocer sus primeros acordes, empezó a componer canciones mientras trabajaba en una casa de empeño. Según él, sus canciones hablan de su persona, que siempre ha logrado estar aislado del sistema. Y de momento, le funciona. Cuando escuchas las composiciones de Smith, parece como si estuvieras inmerso en una historia de su propia vida, como una película. Se habla desde la infancia que pasó en California hasta temas políticos como la guerra y los soldados caídos, pasando por la familia y EE.UU.



La primera incursión de The White Buffalo en el mundo de la música, formalmente hablando, data de 2002, con 'Hogtied Like a Rodeo', su primer álbum de larga duración, y auto-editado. Luego vendrá su primer EP: 'The White Buffalo', en 2005. Solo, con su guitarra, y la voz como única protagonista. Una batería y un bajo muy tímidos, sabiendo que Jack quiere lucirse: en esto consiste el EP. Consta de seis canciones:

1. Where Dirt and Water Collide
2. Love Song #1
3. 10 ’til 2
4. The Matador
5. Devil is a Woman
6. The Moon

El EP comienza con mucha energía, con 'Where dirt and water collide': Jack, con su guitarra, hace de su voz un instrumento preciado, elevándose por encima de todo lo que podamos escuchar en esos 3:14 de canción. No se hace pesada, aún teniendo en cuenta su poca variación en la melodía, gracias a la acústica super melódica y marca de la casa. Un piano ameniza el estribillo, donde Smith logra conseguir su registro más alto y largo con la voz.


'Love Song #1' supone un distanciamiento con la anterior: más tranquila, más solemne, con la acústica respetando el amor que empapa la letra, un estribillo que lleva toda la carga sentimental y en la que el bajo hace acto de presencia. Una batería entra, en cuclillas, a mitad de canción. De nuevo, en el último estribillo confirmamos la gran voz de Jack.



Enamorarse de una prostituta; de eso parece hablar el siguiente tema llamado '10 ’til 2', donde escuchamos una guitarra recreándose en una melodía poco seria, debido a la idea de la letra. La timidez no abandona al baterista ni al bajista, y añaden una pandereta para marcar los finales de compás. Arpegios, más pandereta y  la misma disposición para los demás instrumentos en el estribillo. 




El siguiente tema está impregnado de oeste puro y duro, con su campanario dando las 12 y el duelo típico de vaqueros en medio del pueblo vacío, con las miradas temerosas de las personas dentro de sus casas. Así lo notamos durante toda la canción (y en la letra), con campanas al fondo, una guitarra muy grave, con notas melancólicas y muy serias y, lo que parecen ser, violines. 'They call him The Matador'


'Devil is a Woman' es una canción con un ritmo rápido, pero bien marcado; quizá es la canción con más personalidad del EP. Una guitarra acústica muy destartalada y usando mayormente el palm mute y punteos que no varían en casi toda la composición, un ritmo muy rápido de la batería como eco lejano y un bajo muy puntual (parece un contrabajo) pero necesario. Voz perfecta de Jack y una letra sin desperdicio.



Terminamos con 'The Moon', una composición que, para un servidor, es la más débil del EP, donde sí: seguimos quedándonos impresionados con la voz de Smith, pero no sabe recoger el testigo de la anterior. No la mejora. Esta vez, volvemos a la dualidad Jack/acústica como único elemento en la canción. Sólo él, con arpegios que lo inundan todo.


Podríamos decir que no es un EP con mucha fuerza. Y es cierto: comparado con sus trabajos posteriores, 'The White Buffalo EP' es algo pobre. Podríamos quedarnos con 'Devil is a woman' y poco más, y no cometeríamos ningún error.



No será hasta 2008 cuando veamos algo más serio, cuando Jack decide regrabar su primer disco, esta vez con mejor sonido. Su nombre es 'Hogtied Revisited'. Tenemos ante nosotros un disco redondo. El uso de violines se acentúa en este disco, viéndolo en canciones como 'The Woods', 'Hideous Heart'; al igual que el del banjo, como en 'Carnage'.

'The Woods' es un gran comienzo, sin duda. Con una orquesta de viento, como si de una banda sonora de alguna película se tratase, que da paso a la ya incuestionable acústica de Jack Smith. Muy seria, con un toque oficial y respetuoso.



'Carnage' es una canción más movida, más amigable, con un banjo muy melódico y una batería acompañándolo muy bien. Será la primera vez que escuchemos el silbido en una composición de The White Buffalo. Mezcla de voces graves y agudas, para las estrofas y el estribillo respectivamente, perfecta, como nos tiene acostumbrado el de Oregon. Encontraremos, tanto en el anterior tema como en este, una mayor elaboración, con una estructura más canónica y sólida. Además, el uso de distintos instrumentos le da mucha calidad. El bajo va en perfecta sintonía con el banjo.


En 'Damned' nos encontramos un uso muy frecuente del piano durante toda ella y acordes interminables, con Jack amenizando con la voz magistralmente. El bajo se confunde con el piano, pero sigue siendo imprescindible. La guitarra deja protagonismo, esta vez sí, al piano. La batería aparece haciendo un casi redoble muy débilmente. La melodía es fácilmente recordable, haciendo de la canción una de las destacables del disco.



Una canción muy suave, es lo que nos espera con 'Today's tomorrow', excepto por los arrebatos de Jack con la voz, que nos deleita desgarrándola con un sentimiento propio de la letra. Seguimos usando el piano, además de una acústica esta vez sin marcar tanto los acordes, usando arpegio, y cuando los marca usa palm mute o lo hace muy suave. Se repite mucho la misma melodía durante toda la canción, que sólo cambia para el pseudo-estribillo.



En este caso, vemos un country muy camuflado en los primeros minutos de 'Bar and the beer', pero empieza a quitarse la careta a medida que escuchamos. Coros propios del género, si oímos atentamente, y también una armónica en la recta final del tema. Incluso Jack deja patente la intención de la composición de acercarse al country al lanzar ese alarido al final de la canción. A quien le guste el género, le gustará 'Bar and the beer'.



'Sweet hereafter' se resume en un punteo de guitarra repetitivo, un eco casi imperceptible de violín, Jack saliéndose en el estribillo con una voz muy melódica y pegadiza. También se puede mencionar el uso del órgano bien entrada la canción... y la solemnidad y emotividad de la canción: el abandono del hogar resulta ser el tema principal.



Volvemos al banjo para iniciar el siguiente tema, 'Story', donde ninguno de los instrumentos (además del ya mencionado: guitarra, bajo y batería) toma el papel principal, excepto, quizás, en el estribillo, donde la suavidad y unicidad que quiere darle Jack hace que el banjo sobresalga. Destacar la pasión de la voz de Jack en la desvaría precedida por un descanso con órgano acertadísimo. 



'I believe' se hace repetitiva, al igual que 'Sweet hereafter', usando de sobremanera la misma melodía durante todo el tema. Rompe con eso el estribillo, pero no termina de convencer. Quizás, al final se sale un poco de la rutina que se crea con un punteo sencillo pero eficaz... pero poco más. Sin embargo, aún con eso, escuchar a Jack cantar hace que puedas perdonarlo todo. 



'The Madman' es, en mi opinión, la mejor del álbum. Tenemos ante nosotros una canción con un ritmo frenético y galopante, con una letra desafiante sobre 'un hombre loco' justiciero que le viene perfecta al ambiente creado por la acústica. El comienzo es completamente sosegado, con un punteo sencillo y evocador de lo que viene a continuación. El bajo es perfecto, encaja muy bien con el ambiente en el que nos sumerge Smith. La batería cumple, rápida y rompiendo cuando tiene que hacerlo. La voz de Jack nunca estuvo tan bien engrasada, dejándonos los pelos de punta el grito con el que termina el tema.


De nuevo Jack a solas con su guitarra en 'Wrong', con un ritmo más animado y optimista. La voz, en su línea, queda muy bien en esas partes de 'Feedeleyfeedeley' y 'Beedeleybeedeleybop', dándole más atmósfera de buen rollo y alegría.





Atentos a la siguiente, porque vamos a entrar de lleno, sin paracaídas y sin amortiguadores, en el sur de Estados Unidos: 'Hogtied like a rodeo' tiene ese perfume tan característico que nos puede transportar a la tierra natal de Jack. Con una voz imponente, con alaridos falseados, una guitarra eléctrica con distorsión elegante a la vez que gamberra; parones fuertes, aporreando la eléctrica... Y, por supuesto, la voz sentida en el clímax del tema, que varía entre el rock and roll y el country.



Con 'Hideous heart' se cierra este gran álbum, sin duda, un imprescindible en vuestra colección. Y no se podría acabar de mejor manera: melancolía, tristeza, solemnidad... a estilo de vals. Violines que acompañan a la voz de Jack, muy respetuosa y suave, hecho difícil dado su timbre. Hay un momento de la canción que podríamos calificar como mágico, incluso: el intermedio que nos mece hacia el último estribillo. Sin duda, una de las mejores del disco.


A partir de aquí, The White Buffalo empezó a ganar poco a poco renombre gracias a la radio local y a numerosas actuaciones por Australia, Japón, Europa, Estados Unidos y con personajes de la talla de Jack Johnson. Sin embargo, lo que terminó por lanzarle a la parrilla de los fans fue que su canción 'Wrong' apareciese en una película del surfista Chris Malloy: 'Shelder'. Aunque parezca mentira, le surtió una base de fans creciente... Incluso le dio posibilidades de participar en la banda sonora de dos series de gran éxito en Estados Unidos y parte del mundo: Sons of Anarchy y Californication.

En 2010 sale a la luz un nuevo EP: 'Prepare for Black and Blue', el cual fue grabado en seis días. 


Encontramos un EP mucho más centrado en el objetivo de por qué se hacen esta clase de discos: para abrir boca, cosa que 'The White Buffalo' no supo hacer muy bien, aunque hay que tener en cuenta que suponía los primeros pasos del grupo. Mucho más maduro: a la hora de escuchar a Jack a solas con su acústica notamos una evolución; se atreve con tonos más altos, más largos y comprometedores, como en 'Love Song #2', donde vamos a seguir con el tema que rodeaba la número uno del anterior EP y una guitarra sumida en el arpegio.


Atención al plato fuerte: 'Oh darlin' what I have done' resulta ser, no sólo la mejor del EP, sino una muestra de lo mejor que puede llegar a hacer esta banda. Aquí Jack se decide por sumar la indiscutible distorsión de una eléctrica que queda perfectamente con el 'si menor' de la acústica. Durante toda la composición, Jack se corona como una de las mejores voces que he escuchado: sólo hay que escuchar el último tramo y el puente a mitad de canción, donde se desgarra a más no poder, destrozando la poca duda que podía haber, si es que era posible, en la atmósfera. Lo dicho: guitarra eléctrica sublime, ganando fuerza a la vez que lo hace la voz y punteando para acompañarla magistralmente.


'Black & Blue' sigue mostrándonos la evolución al que ha sido sometido el sentido de creación de Jack, con una acústica en bucle demasiado lenta, coros femeninos y voz que, en algunos momentos, está poseída de suavidad y piano muy puntual para darle el toque de romanticismo que encharca el tema. También notamos el uso, quizás no muy acertado para mi gusto, del eco.


'Into the sun' es otra de las sorpresas que nos da Jack Smith, que, de nuevo con la acústica como única arma, asedia nuestros sentidos con un arpegio muy melódico y pegadizo y con una voz bien hilada para terminar con un 'estribillo', si es que se le puede llamar así, muy atractivo para los oídos. Ya digo: una muy grata sorpresa.


'John Jameson' es el último tema del EP, recogiendo el testigo de todas las anteriores, volviendo a presentarnos una composición mejorada con respecto al anterior EP. Un perfil optimista rodea en todo momento la guitarra y melodía del cierre del disco, donde esta última es bastante pegadiza. Oiremos, de nuevos, los coros femeninos, esta vez muy convertidos en eco.


El trabajo de la banda empieza a llamar la atención de discográficas y productores, tanto es así que llegarán, en 2011 y 2012, publicar un tercer EP y un segundo disco, respectivamente.


'The Lost And Found' incluye dos canciones del segundo disco (esto SÍ es un EP): 'The pilot' y 'Wish it was true', las cuales comentaremos cuando lo abordemos. La calidad de estudio sigue subiendo, la guitarra eléctrica empieza a ser un elemento fijo en las composiciones y parece que Jack ha acabado de cogerle el truco a esto: al escuchar este EP, nos damos cuenta que el paso por distintos estilos es notorio, encontrándonos canciones totalmente distintas (la creación empieza a enriquecerse)... uno no puede esperar a escuchar el trabajo posterior.

'Every night every day' es un temazo, con todas las letras. Folk y country se nos vienen a la cabeza, y también inevitablemente la tierra de Jack: sur de Estados Unidos arraigado hasta la médula. La guitarra acústica, seña de identidad e icono sobresaliente del grupo, acompañada por un bajo que apesta gratamente al género, una batería sencilla y suave, usando las baquetas mayormente... y la guitarra eléctrica, usando la técnica del slide, magistral con esos punteos que nos incrusta en la retina esa imagen de una banda en un porche de madera tocando alegremente con cervezas. Los coros acompañan al bajo en esa fragancia a atardecer.


'Darkside of town' es el tema de Jack y su acústica; no podía faltar. Un Jack apasionado, coros femeninos, un bajo respetando el protagonismo del tándem... No se puede negar la calidad del manejo de la guitarra por parte de Smith, que, amenizada, además, por un órgano muy suave, nos ayuda a olvidarnos de todo y dejarnos llevar por el tema. 


'Insane' es un ejemplo de esa variedad de la que os hablaba. Palmadas, botellines chocando, un banjo... y una melodía para chasquear. Perfecta. Extraña. Tan extraña que gusta. Los graves que logra Jack son rompedores, llegando a lo más hondo. 


Lo cierto que todos los elementos que caracterizan a este EP se pueden transportar al segundo álbum 'Once upon a time in the west': la variedad a lo largo de los temas, en cuanto a composición, melodía, estribillos y estilo, es evidente. No hace falta decirlo, porque cuando uno se sumerge en él empieza a darse cuenta de que es el mejor trabajo de The White Buffalo hasta la fecha... y te deja con ganas de más, esperando el siguiente disco con demasiada inquietud. Desde la primera hasta la última canción, Jack y su pandilla hacen lo que quieren con nosotros: nos llevan de un lado a otro, haciéndonos imaginar paisajes, situaciones... (algo parecido a lo que nos pasaba con 'Songs for the Deaf' de Queens of the Stone Age), con composiciones como 'The pilot' o 'Hold the line', despuntando por encima de las demás con su estilo estandarte, y 'The witch' o 'Good ol' day to die', con una personalidad tan única y propia que se abren hueco solas en nuestro iPod.



El magistral disco comienza con 'Ballad of a Dead Man', una elegía a los soldados caídos. Se nota, por tanto, un sentimiento especial en el tema, con una eléctrica dominando el slide muy respetuosa y la voz de Jack aterciopelada sólo rompe rasgándose con rabia cuando la letra lo requiere. La canción comienza solemne, con una acústica acompañando a Jack para luego unirse a un bajo continuado y batería lenta. El estribillo, dentro de la pasión y elegancia limitados por el estilo del tema, cumple con las expectativas.


'How the West was won' sigue una línea country con su ritmo rápido, su banjo alocado, esos slides que evocan tanto al oeste... El bajo ayuda, al igual que los falsetes que sueltan al unísono Jack y su coro. Da igual que no te gusta el género... te va a encantar la canción. Al igual que con pasaba en el anterior EP con 'Every night every day', este tema nos transporta al ambiente donde fue criado el cantante.


Con 'The pilot' el disco gana calidad y valor en todos los sentidos. Es un temazo, lo miremos por donde lo miremos: bajo rompedor, incluso diría que hay veces que lo escuchas más que la inolvidable acústica; una eléctrica que se atreve en momentos a dejar el slide para marcar acordes... una melodía perfectamente conseguida debido al cambio más rápido de lo habitual de acordes y al uso coordinado y ejemplar de todos estos instrumentos. Por fin escuchamos a la batería salir de esa timidez que le caracterizaba. Esto es una canción como Dios manda. Con su estrofa, puente, estribillo... incluso su parón con bajo indiscutible y para enmarcar. Imprescindible. Y os recuerdo que era una de las que se incluían en 'The Lost And Found'.


'One lone night' es una canción que intenta conseguir llenarnos de melancolía y sensibilidad. El uso del piano se ve acentuado, los acordes han sido escogidos para esa finalidad, además de la letra... todos los ingredientes que debe tener una buena balada. No quiere decir eso que no haya sitio para la puntual brillantez de Jake en la voz. 



De baladas va la cosa, 'Sleep little town' sigue los pasos de la anterior, esta vez con la imprescindible, a estas alturas, soledad de Jack con su incombustible guitarra. No hay mucho más que añadir: la suavidad y liderazgo de la voz, la acústica impecable y, como única percusión, lo que suena como manos golpeando la propia pierna, nos mecen, metiéndonos de lleno en el sentimiento que quiere transmitirnos Jack.



Cambiamos radicalmente de tercio con 'BB guns and dirty bikes', donde el tema de la infancia nos va a llevar a una canción más alegre, como vemos nada más empezar con el ritmo que nos avanza la batería (que por fin obtiene un poco de protagonismo). La acústica nos transmite ternura y alegría, y el piano que se usa de decoración le ayuda en esa tarea. Quizás, lo que menos guste (siempre hablando de mi humilde opinión), es el post-estribillo en el que la única letra es un 'uuuuuhhh' un poco mal situado. Además, el piano en ese momento me recuerda a las melodías prefabricadas de los típicos teclados de juguete que todos hemos tenido cuando éramos enanos. Ahora que lo pienso, a lo mejor es intencionado: la canción va de la infancia... Atentos al videoclip: el hogar de Jack está representado ahí... por fin tenéis, literalmente hablando, una idea de dónde nos quieren llevar algunos de los temas de The White Buffalo.


Ojito al siguiente: 'The bowery' resulta ser un tema excelente. Con el slide tan sugerente al comienzo, seguido muy de cerca con la acústica de Smith y una batería jugando con las baquetas, pasamos a romper de manera rotunda para entrar en el estribillo, en todos los sentidos. Luego, la cosa empieza a ser más movidita. El slide se corona, la batería se la juega, los coros desgarradores aparecen... Para volver a la tranquilidad con la que empezó la canción... y vuelta a destruirlo todo. Un tira y afloja. Ni falta decir que la melodía es pegadiza (la entrada al estribillo es, para mi, una gozada). Atentos al final: Jack nos deja la piel de gallina.



Volvemos a las baladas: 'Wish it was true', la otra canción incluida en 'The Lost And Found', nos habla de la familia. Violines, acordes sentimentales y lentos... y la voz de Jack en primera fila. Nada más. Es otro de los temas a destacar del álbum. Cuando notéis que los acordes dejan de ser familiares, afinad el oído: Jack se va a lucir. Bueno: ahí y en el alto que cierra la canción.


A partir de aquí, todos y cada uno de los temas que suenan son imprescindibles, empezando por el siguiente: 'Hold the line'. TEMAZO. Una fuerza increíble, con muchísima ambición. Una acústica difícil de olvidar, un bajo sentencioso, la batería soportando el ritmo tan rápido que alberga el tema... El slide se sale, siendo sutil pero sabiendo aparecer en el momento perfecto. Y cuando digo perfecto, no lo digo por decir: escuchad. Por supuesto, Jack no nos podía dejar sin su perfecto desgarro en la voz. Unos gritos nos marcan el final de esta pieza maestra del álbum. Quien me diga que no le sumerge de lleno en el oeste, miente.



Sin embargo, si el anterior os ha parecido una buena canción, esperad a este: 'Good ol' day to die'. Quizá es la mejor del disco. Rock and roll puro. Acordes típicos del género, tempo bien medido acoplándose a los límites del mismo, un bajo distorsionado que lleva la batuta en las estrofas y muere en el estribillo, donde la acústica se deja llevar y desvaría, impecable, y la batería aparece rompiendo con la tranquilidad. El post-estribillo es increíble, con Jack yéndosele la olla. La última estrofa, que da pie al eterno estribillo que mata a la canción, es mítico gracias, de nuevo, a la voz de Jack. Gritos (destacar uno de Smith nada más acabar la última estrofa) bien añadidos (aunque suenan un poco a 'enlatados'). 



Temazo tras temazo: 'Stunt Driver', un lento rockabilly que satisface todas nuestras necesidades, si es que ya no habían sido cubiertas. Una eléctrica que se sale, no miento, sobre todo con el ya habitual slide. El bajo se hace notar muy bien gracias a la relevada guitarra acústica, más suave, y a la batería, usando mucho el bombo. Resumiendo: una canción que se queda a las puertas de la anterior pero que sabe recoger bien el testigo. La voz de Jack, como nos tiene acostumbrados, es digna de mención.



Aquí está el bicho raro del disco: 'The witch'. Todo muy tranquilo y siniestro a la vez. Bajo impecable, un banjo que queda de miedo y una acústica discreta. Lo que más puede sorprender, y esto es lo que la convierte en el bicho raro, es el viento que podemos escuchar mezclado con los instrumentos mencionados antes. Dicho así, estoy describiendo una canción cuestionable... pero escuchadla: una mezcla perfecta. Clarinetes, trombones... todo para aumentar ese ambiente siniestro y oscuro que quiere Jack darle a la canción. El final no tiene desperdicio: tranquilidad de la acústica... para dar paso a una destrucción por parte de la orquesta de viento.



Para acabar y culminar el mejor trabajo de The White Buffalo, tenemos 'I am the light'. Ante nosotros se encuentra un tema muy trascendente, solemne y significativo para Jack, por lo que podemos deducir de la composición. Se descubre a la hora de escucharlo cantar: se puede notar mucho sentimiento y pasión, sobre todo en el estribillo y en la recta final de la canción. Acústica muy lenta, el bajo cumpliendo, la batería a la velocidad que le deja la guitarra de Jack, un piano difícil de oír y una guitarra eléctrica muy sutil en las estrofas, y como eco y con distorsión muy personal en el estribillo. La parte final de la canción, que ya he mencionado, es mítica, con coros por los que navega Jack y sus desgarradores altos. Un sentimiento que nos intenta transmitir y que, creo, lo hace muy acertadamente. 



Repasada su carrera musical sólo queda decir: ¿para cuándo material nuevo de The White Buffalo? ¿Tendremos que esperar mucho? Sólo sé que cuando llegue un nuevo disco, un nuevo EP o, incluso, un nuevo single, no nos decepcionará: Jack Smith tiene un estilo propio y una voz magistral que encaja perfectamente con ese estilo. No lo va a abandonar. Y si no se sale de ahí... podemos esperar grandes cosas de este grupo.

Cuando haya material nuevo, lo comentaremos y os lo haremos saber.
Todas las canciones mencionadas en este artículo se encuentran en mi GoEar.