domingo, 30 de septiembre de 2012

Megáfono

¡Damas y caballeros!
¡Niños y niñas!
Desde los confines más insospechados de este oscuro mundo.
Desde aquellos lugares en los que hasta el más valiente de los héroes y maestros de las artes más agresivas temerían por terminar su vida. 
La actuación más escalofriante que puedan ver en su magnifica y rica vida...
El espectáculo que cambiará el concepto que tienen ustedes de humanidad. De sociedad. De... terror.
Aquel en el que entrarán como jóvenes y saldrán como hombres.
Deben mirar, comprobar el fétido olor a muerte que se llega a respirar.
Deben sufrir, vislumbrando débilmente lo que realmente tienen ante sus ojos.
Deben amar, sí, desde el corazón, encogido en un puño, a todos aquellos que han luchado para que ustedes, sentados ahí, puedan disfrutar de este gran show.
 El circo del horror... del absurdo... de la mentira y de la maldad.
¡Quiero que reciban con una fuerte ovación y un sobrecogedor aplauso a la siguiente criatura, rara y desfigurada como pocas hayan podido tocar, oír y contemplar en años!
Con todos ustedes... ¡la democracia!

miércoles, 20 de junio de 2012

סוף

Empuñamos las armas, acompasamos el paso, perdemos la quietud y sonreímos a la muerte.

¿Quiénes son capaces de reducir a cenizas el espíritu humano? El alma programada para ser libre no sólo quiere volar, sino ir en bandada. Y hay apretones de manos que unen mundos distintos pero, básicamente, iguales y con los mismos objetivos. Las mismas armas, la misma inquietud... Y vuelven a renacer las pinturas en las manos, la razón de por qué existimos, la satisfacción de ver que algo se puede conseguir con esfuerzo. La voluntad del cero es tan importante como la del mil, y si alguna falla, el número no tiene sentido sin los demás. Es una cuenta matemática que necesita de todas las cifras para dar un resultado lógico y veraz que cumpla el axioma más básico: a=a. Todos iguales ante los ojos de Dios, dirían los excépticos. 

Vibran las lágrimas a punto de brotar de los ojos de cada uno, sabiendo que quizás no haya vuelta atrás y que señores mayores relatarán aquello como una heroicidad propia de semidioses a mentes curiosas e inocentes en sus regazos. Sobran palabras, pero no se pueden evitar: gritar, cantar, maldecir al destino y reír... reír sin parar como lo hace uno por pura locura. Locos, eso es lo que nos llamarán... Necios, eso es lo que los interesados querrán decir... Valientes, eso es lo que el tiempo nos calificará. Valemos mucho, igual que todos, y eso lo sabemos, y eso lo saben. Luchamos por ello, ellos luchan por parar nuestra lucha.

Y eso, camaradas, es una guerra. Una batalla sin fin, llena de malvados y buenos, vivida por todos y para todos. Tropezamos, sí, pero nos levantamos porque sabemos que si no lo hacemos la Humanidad está perdida. Vacilamos, sí, pero nos encauzamos porque tememos que si no es así, nada será. Y por ello somos tan maravillosamente tozudos, tan increíblemente insistentes, tan sorprendentemente coñazos. Porque el estandarte, en este caso, no es portado por uno solo: millones de dedos lo levantan, millones de ojos lo observan con orgullo, millones de corazones se llenan de alegría al leer las tres palabras bordadas en él. 'Liberté, égalité, fraternité'

Y es esa, queridos hermanos, la razón por la que empuñamos las armas, acompasamos el paso, perdemos la quietud y sonreímos a la muerte.

Más que nunca.


viernes, 18 de mayo de 2012

Antídoto

Hubo una vez un hombre que, con un cigarro en sus dedos y mirando hacia el horizonte, mientras la luna iluminaba su rostro perpetuo, me dijo algo que, con los años, ha ido cayendo más y más por el peso de sus palabras: 'Hijo, no es malo pelearse hasta la muerte... pero sí que te envenenen y perezcas sin percatarte de ello'.

Quizás esté muerto, y la verdad: no sé qué destino corrió; si el del que quiso apartarme u otro diferente. A día de hoy, la importancia de esa frase ha ido, como ya he dicho, creciendo.
El veneno está ahí, existe. Te pudre por dentro, te hace añicos, pero tú no te das cuenta. Vivimos en un mundo con tantas distracciones que hemos olvidado sentir por dentro, la rutina nos encierra en una burbuja difícil de estallar y la vida se reduce a un sólo camino.
Pero el veneno, como nos ha enseñado la medicina moderna, puede, si es atrapado a tiempo, destruirse. El sujeto experimenta, digamos, una mejoría en sus capacidades racionales y de captación de la cruda realidad. El mundo vuelve a ser el que era, los planetas vuelven a girar, el reloj comienza a girar en el sentido que tiene que girar y se da un hecho bastante curioso: empieza a sentirse rechazo. Un asco impropio para algunos, necesario para otros.
Vuelven las máscaras, las manos al aire, las vendas en el suelo y el asfalto incómodo. El desconcierto, la capacidad de asustar. La unión.
Y, mientras que hay curados que se sacrifican por curar, otros por ajusticiar, otros por informar... aquí, un servidor, se dedica a meditar. Las palabras son fuego, son balas, más dañinas que la propia espada o el cañón. Es tiempo de mirar arriba, sin miedo, sin dudar en absoluto.
Huele a revolución, sí, pero sólo es una fragancia. Tiene que ocuparnos los cinco sentidos si queremos que esto sea una realidad, y para ello hay que luchar. Con nuestras mejores armas.

Porque sí: estar curado es lo normal, y no nos damos cuenta de que no lo estamos.

Porque sí: el veneno está ahí, existe.

martes, 6 de marzo de 2012

Pensamos demasiado, y sentimos muy poco...


Lo siento.
Pero yo no quiero ser emperador: ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible... Judíos y gentiles, blancos o negros. Tenemos que ayudarnos unos a otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos, la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. 
Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco... 
Más que máquinas necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.
Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. 
Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.
Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.
A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.
El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá. 
Soldados.
¡No os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, qué pensar y qué sentir!
Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón. ¡No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas!
Vosotros no sois máquinas, no sois ganado, ¡sois hombres! Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos. 
Soldados. 
No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. ¡En el capítulo 17 de San Lucas se lee: “El Reino de Dios está dentro del hombre", no de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres, en vosotros, vosotros el pueblo tenéis el poder! ¡El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa, de convertirla en una maravillosa aventura! 
¡En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos! Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres trabajo, y dé a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder. ¡Pero mintieron; no han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán! ¡Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo! 
¡Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido! ¡Todos a luchar para libertar al mundo! Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. 
Luchemos por el mundo de la razón. 
Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. 
Soldados, en nombre de la democracia, ¡debemos unirnos todos!
Discurso final de "El gran dictador", del genio Charles Chaplin. El video es el mejor montaje que he encontrado en Youtube.



lunes, 2 de enero de 2012

miércoles, 7 de diciembre de 2011

¡MI VIDA TIENE VALOR!

No tengo que decirles que las cosas están mal; todos sabemos que las cosas están mal. 
El dolar cuesta menos, los bancos están quebrando, los vendedores guardan un arma bajo el mostrador, los delincuentes reinan en las calles; y no hay nadie que sepa qué hacer, no hay fin para esto. 
Sabemos que el aire no es apto para respirar y que la comida no es apta para ser comida. Nos sentamos mirando nuestra TV mientras algún locutor local nos dice que hoy han habido 15 homicidios, 63 crímenes violentos, como si esa fuera la forma en que debe ser. ¡Pero nosotros sabemos que está mal, peor que mal, es una locura! Es como si en todos lados, todas las personas estuvieran enloqueciendo.

Así que no salimos más. Nos sentamos en la casa y lentamente el mundo en el que vivimos se vuelve más pequeño, y todo lo que decimos es:
"por favor, al menos dejanos estar tranquilos en nuestra sala de estar, dejenme tener mi tostadora, mi tv, mi teléfono y no dire nada, sólo déjennos tranquilos"...
Bueno, pues yo no quiero que estén tranquilos, ¡quiero hacerlos enojar!



No quiero que protesten, no quiero que escriban a los congresistas porque no sé qué decirles que escriban, tampoco sé que hacer con la inflación, la depresión, los rusos y el crimen en las calles, todo lo que sé es que primero, deben enojarse, tienen que levantarse y decir:
  
"SOY UN SER HUMANO MALDITA SEA, MI VIDA TIENE VALOR"